El ruido en mi mente
Hoy escuché un debate informal entre un músico (flautista y director de orquesta), otro músico pero de rock y una actriz de cabaret, el moderador fue un periodista. El debate giraba sobre la música electrónica y los DJ's, sobre si se puede disfrutar un concierto de música electrónica: el músico de rock y la actriz asintieron sobre los beneficios hasta terapéuticos de asistir a un concierto de música electrónica, hasta se dijo que los mexicanos somos ruidosos y disfrutamos la música a alto volumen debido a que esa música se disfruta únicamente de esa manera. El músico clásico no asintió del todo, pues defendió que la música a alto volumen puede dañar la salud y no es entendible, a lo que el músico de rock respondió diciendo que la novena de Beethoven se disfruta a alto volumen.
A todo esto me vino a la mente lo que pienso sobre el alto volumen, pues además de los daños fisiológicos, los daños mentales tanto personales y sociales son evidentes y quiero enfocarme en lo siguiente:
La música clásica siempre se escucha sin amplificación:
Aunque hay conciertos de música clásica al aire libre o espacios demasiado grandes que necesitan amplificación electrónica, esta se disfruta plenamente en una sala diseñada acústicamente para no amplificar el sonido. Qué pena sería asistir a un concierto de música clásica al aire libre y que me toque cerca de una gran bocina, quedaría sordo y no entendería nada.
Las dinámicas musicales se disfrutan en un concierto sin amplificar y en una sala adecuada, pues generalmente cuando en un concierto se amplifica el sonido, se utilizan compresores y limitadores, lo que altera el sonido original y no se puede disfrutar un momento musical suave (piano) y cómo este puede ir creciendo gradualmente hasta llegar a un momento fuerte (forte) y mucho menos escuchar la destreza de las y los músicos para controlar estas dinámicas. Este es un problema cuando se amplifica el sonido mediante la electrónica y la ingeniería de audio, se escucha este problema en las transmisiones en línea y en grabaciones: es difícil escuchar transmisiones y grabaciones que tengan bien medidas las técnicas de ingeniería de audio y no distorsionen las dinámicas.
La música no clásica puede no necesitar amplificación:
Los conciertos de rock, pop y otros géneros conocidos masivamente, son electrónicos por naturaleza y necesitan amplificación electrónica. Son para ser compartidos en masa y puedo decir que están diseñados para la masa. Pero ¿Qué pasaría si cambiamos los instrumentos a instrumentos acústicos y que requieran poca amplificación y hasta evitar la amplificación en algunos instrumentos? Sería más disfrutable y el virtuosismo de los músicos puede valorarse mejor. Seguro hay conciertos (no para las masas) de este tipo y estoy seguro que es otro mundo.
La música grabada a todo volumen:
Además de los daños fisiológicos de la música a todo volumen, ya sea con o sin audífonos, los daños al otro pueden ser peor. Disfrutar la música a todo volumen puede “cartártico” (como ir a la feria de juegos mecánicos y gritar, o ir a una manifestación y gritar en contra del Estado), pero puede dañar a otros (incluso a los animales). Algunos aseguran el valor terapéutico de esta música a todo volumen, pero es una terapia fácil, de autoayuda, una terapia de televisión. Sería lo mismo que buscar la meditación por medio de la religión.
El debate no pudo ir más allá, el músico clásico no pudo defender del todo su postura y los otros defendieron su postura sin ceder. Pude notar que sus posiciones de privilegio social no permiten la crítica al tipo de música al que están acostumbrados (y sé muy bien que hay mucho que criticar a la música clásica por su elitismo), es difícil concebir que lo que haces tiene repercusiones, porque pierdes privilegios o pone en duda tu posición de privilegio. La mesa de debate era por personajes de clase media (acomodada) y desde mi perspectiva esto limita el debate (no debería, pero sucedió).
Además...
La novena de Beethoven no se escucha a todo volumen. Para disfrutar la novena y cualquier otra obra sinfónica (que son las que pueden llegar a decibles altos), se disfrutan en vivo y en una sala de conciertos sin amplificar de ninguna manera, pues los momentos fortes pueden ser ensordecedores, pero gracias a la vida que no son muy largos y que siempre hay momentos suaves.
La música sinfónica al aire libre, amplificada y con público masivo, es eso, para las masas. Son intentos de masificar la música clásica, de convertirlos en show para “evangelizar” al público “inculto”.