Mayor Tom a control de Tierra
Este no es el mundo que soñaba cuando era joven. Ni siquiera se parece. Todo me parece la última noche de un poeta ciego que pide su abrigo mientras habla de espejos y callejones.
Y diría que no me importa, pero me importa. Y diría que no pasa nada, pero pasa. Y diría que al final la vida me ha pasado por encima, y tal vez sea cierto.
Pero no lo es.
Nada más va más veo todo más despacio a mi alrededor. Nada más he aprendido que no puedo con todo. Nada más he aprendido que tal vez no se pueda con todo.
Pero no poder con todo no es no poder con nada.
Se puede hasta donde se puede. Se llega hasta donde se llega.
Se puede mirar la lluvia desde el salón, se puede bailar bajo la tormenta. Se puede ser todavía, tal vez.
Tal vez todo sea un rincón. Una declaración de principios escrita en un rollo de papel higiénico por una rosa con nombre de actriz o una actriz con nombre de rosa.
Tal vez todo sea nada. Y el infinito sea más grande de lo que creía. Y mis manos más pequeñas. Cada vez más pequeñas. O tal vez siempre fueron pequeñas manitas que miraban al cielo y se cerraban queriendo coger ese mundo que no era el que es, que no sabían que nada sería lo que era y que esperaban otra cosa.
No sé. Otra.
Otra vida. Otro mundo. Era posible. Tal vez nunca lo fue, y soñé que sí. Tal vez soñé demasiado. Tal vez sigo soñando Tal vez nunca deje de soñar. Tal vez no pueda hacerlo.
Aunque no sea el mundo que soñaba, tal vez no pueda abrir los ojos, tal vez no pueda dejar de estrellarme, tal vez me quede así, el puño apretado, mirando al cielo.
Esperando.