Huyendo de la distopía

Un pequeño comentario sobre esto de que el presente es una mierda

¿Es quizá «Esto es distópico» la frase que más escuchamos en el big 2026? ¿Se nos queda pequeño el género de la distopía para describir el presente? ¿Qué puede aportarnos la literatura respecto a esto y qué limitaciones encontramos en las tendencias actuales? ¿Hemos perdido la capacidad de imaginar futuros mejores?

Cada vez que encendemos la televisión vemos, horrorizadas, un desfile de noticias que rozan el delirio. La posibilidad de un desastre futuro nos sabe a poco, porque el presente comienza a ser un cuento de terror como nunca lo habíamos imaginado. Y en este contexto no es ninguna coincidencia que el género de la distopía esté en alza.

Lo he dicho en numerosas ocasiones: todo es político, por tanto la ficción es política. Que escojamos una serie de géneros para leer, que un tipo de historias pueblen las estanterías de novedades o los catálogos de streaming, o que estén en el candelero de la conversación pública no es coincidencia, ni es nuevo.

En temporadas de miedo e incertidumbre una serie de géneros son los que nos interpelan. Quizá lo que en este tiempo es la distopía (o el re-re-re-auge del terror que estamos viendo en el cine, con películas taquillerísimas como Obsession o Backrooms), es lo que en el siglo XIX hizo el gótico ingés, con estos ambientes asfixiantes que reflejaban lo constreñido de la sociedad inglesa.

Fotograma de la pelicula obsession

Muy a tope con esta tendencia de sacar los colores a los incels en esta ola de cine de terror.

La ficción es, indudablemente, un reflejo de nuestra sociedad: de cómo se ordena, de lo que nos preocupa, de lo que consideramos normal y lo que está en un espacio marginal.

Si el futuro no existe, ¿Qué nos queda en el presente?

Hablamos más que nunca de un futuro que ya no es futuro sino que es presente. Me planteo diariamente si incluso ha cambiado el matiz hipotético futurista de la distopía para dotar a nuestro presente de ese cariz que parece ficcional. El futuro, o la noción de futuro que teníamos, ya no existe. No nos da tiempo a imaginárnoslo entre tanto horror.

La promesa de un futuro avanzado, un futuro mejor en el que todas cupiésemos, parece haberse roto. Me parece especialmente curioso el caso de las estéticas informáticas de los 2000, como el Frutiger aero, que nos permitía imaginar ese futuro en la que la tecnología hacía del mundo uno mejor (o más aesthetic, que a ojos del capitalismo y viéndolo con las lentes del 2026 viene a ser lo mismo). Ahora la utilizamos como método de refugio nostálgico.

Anuncio de móviles antiguo

Un anuncio del 2004 de móviles Toshiba con la cantante BoA

Siempre acabo rondando el mismo tema: la ficción nos ayuda a explicar el presente, a digerirlo con una cierta distancia que nos permite analizar y empatizar con situaciones que, en la vida real, se nos hacen grandes. Si al encender el telediario vemos el colapso y el horror, en las novelas distópicas lo asumimos y lo podemos mirar a la cara.

Pero no es la primera vez que hablamos de insensibilización, de conformismo, de nihilismo, de absurdismo. ¿Estamos realmente siendo conscientes de los horrores que nos rodean o nos estamos quedando a dormir en ellos, sin ser capaces de movilizarnos o de aspirar a un futuro mejor? El cambio climático, el auge de la extrema derecha, el aumento de la desigualdad, el racismo, la LGBTIfobia, el poder las grandes corporaciones y sus tecnoligarcas, la precarización, la exacerbación de la sociedad del consumo y la hedonia depresiva de la que hablaba Mark Fisher, el dominio de la IA… Todas ellas son preocupaciones en nuestro punto de mira, que caben cada vez más en nuestros libros y en nuestras películas.

meme en el que pone another day, another wtf

Algunas obras de ficción (y no ficción) pertinentes

Portadas de los libros y la serie mencionadas a continuación
titular sobre la cosmovision de Peter Thiel

Rabbithole que propongo: Peter Thiel y el manifiesto de Palantir. De película de terror. De Jacobinlat.com

Teniendo en cuenta todo lo que estamos viviendo (y que, reconozco, mucho de ello ocurre en Estados Unidos, y quizá estamos desviando el foco de lo que tenemos en casa), el auge distópico me parece lógico.

Este momento presente nos obliga a mirar el día a día porque la sensación general es que no existe el futuro. Culturalmente prolifera la cultura de fluir, de vivir el presente, como una respuesta reactiva a esa meritocracia fallida que nos prometía triunfo y felicidad perpetua. Por tanto: si no hay futuro y si ese vivir presente se parece de una manera tan peligrosa a aquellas ficciones que hace unos años eran impensables, nos preguntamos qué nos queda. Nos refugiamos en la distopía porque qué otra manera hay de explicar lo que estamos experimentando. Quizá nos queda recogernos, meternos en nuestro cuarto y no salir jamás.

Más allá de la distopía

Un take valiente por mi parte: al poder y al status quo le viene muy bien que tengamos esta sensación de desasosiego que nos hace pensar que no hay solución, y que siempre se encuentra alimentado por las cámaras de eco que provocan las redes sociales. Que, total, debemos claudicar con lo que nos toca vivir.

Si esa promesa de futuro mejor queda rota, si se vuelve insondable e inhabitable en cierto modo, nos inunda una sensación pesimista nos desmoviliza por completo, que nos invita a no hacer nada. Y aunque no todos pensemos así, creo que estaremos de acuerdo en que parece ser el ambiente general.

Pero es por todo esto que eso no podemos quedarnos a vivir ahí, en ese estado de melasudaporqueestamosyamuertos. Francisco Martorell en Contra la distopía (Lacajabooks, 2021) dice algo muy interesante:

A la totalidad imprecisa que llamamos sistema le da igual que la denuncien y la desenmascaren. Ni se inmuta. Mientras no existan alternativas ilusionantes susceptibles de engendrar deseos de un ordenamiento social nuevo, dormirá a pierna suelta, conocedora de que los adversarios, a lo sumo, resisten.

Y sí, siempre hablo largo y tendido sobre cómo el terror (y la distopía en este caso, que considero que es terror al fin y al cabo por el efecto que causa) nos ayuda a conocer más profundamente aquellas cuestiones sociales más o menos tabúes que nos costaría horrores acercarnos de manera real, desgranándolos y analizándolos para mirarlos, por fin, a la cara. Pero es que la clave está en qué hacemos con esa introspección, con esa rabia.

titular sobre replantear las redes sociales

La unión, el compañerismo, el llevar fuera de las redes esta conversación como bien se apunta en este articulo el El Salto.

Recomiendo sobre esto leer Política del malestar, de Alicia Valdés, en la que analiza este hartazgo general y propone posibles caminos muy interesantes que vale la pena echar un ojo. Expresa es la idea del no-todo, de abogar por prácticas de resistencia que se amolden al cambio constante y a las necesidades del momento en lugar de perdernos en la teoría absoluta del cambio. Y Valdés dice:

El deseo del no-todo es un deseo de molestar, de presentarte como síntoma de aquello que es conflicto, de lo que excluye y violenta. Es volver a tomar las calles cada vez que tocan a una.y quejarnos porque los avances nunca son para todas.

Una conclusión

La ficción distópica y la realidad tienen una curiosa manera de unirse, pues son unos hilos invisibles y muy delicados. Y nuestra relación con esta ficción dependerá en gran medida de nuestro contexto. Podemos utilizarla como muleta a la hora de comprender los hechos actuales, o puede ser una manera de envolvernos de un sentimiento de pesimismo anestesiante.

Por supuesto hay ficciones y temáticas de este tipo que son sumamente esperanzadoras, y también es importante sujetarnos ellas, como es el solarpunk o las utopías (se me ocurre Concordia de Lola Robles, pero tengo que reconocer que no soy muy ducha en el género). De hecho, mi lectura actual es Utopia no es una isla, de Layla Martínez, lo que está siendo para mí bastante sanador.

Al final, y como siempre ocurre (y lo que llevo leído del libro mencionado me lo confirma), la respuesta pasa por la colectividad. Por unirnos, hacer cosas juntas, aunque sea ir a hacer la compra. Crear un mundo en el que nos sostenemos las unas a las otras.

Siempre que imaginemos un futuro mejor, y debemos hacerlo para que nuestras luchas tengan la fuerza de la esperanza además de la de la rabia, debemos tratar con un especial cariño nuestro presente. Es el presente lo que tenemos ahora mismo.

⋆˚꩜。 Si te apetece comentar lo que sea, puedes encontrarme en Mastodon @lacriptadepatt@masto.es :)