Vasos comunicantes
Llevo ya dando vueltas un tiempo a una teoría loca. La de que el fenómeno de los vasos comunicantes puede servir para explicar muchas dinámicas dañinas que afectan a nuestro día a día. En mi caso, me sirve para explicar cierto patrón que estoy detectando en el entorno laboral en el que me muevo habitualmente. En concreto, estoy hablando de los “IA-bros”, acólitos de la tecnología disruptiva y de la programación basada en “vibras” (como diría algún adolescente).
Imaginemos a un equipo dentro de una empresa. El equipo A, como en la tele. Su función es la de mantener, remozar y actualizar proyectos muy complicados, con mucha lógica de negocio detrás. Esto, para los que no sean del gremio, es una labor muy tediosa, con mucha carga de trabajo y que requiere de mucho esfuerzo cognitivo. Mucho más si, como es el caso de nuestro equipo A, ninguno de los proyectos que manejan fue creado por ellos. Es decir, y esto es importante, su labor siempre es la de mantener productos desarrollados por otros.
Partimos entonces de una situación de, podríamos decir, “secuestro intelectual”. Me explico. Una persona del equipo A se enfrenta a diario a los errores derivados de decisiones tomadas por otra gente. Como bien dicen en algunos tratados de psicología, la combinación de una gran responsabilidad con una total falta de control es la ruta más corta hacia el estrés. Y no meto en la ecuación la desmotivación que eso conlleva porque ya sería jugar con mucha ventaja.
La gente que tomó las decisiones puede seguir o no en la empresa. Puede estar en otros equipos. No tienen por qué ser jefes o cargos intermedios. Su único rol en este escenario es el de perpetradores. Son los que tomaron una decisión. No entro en si esas decisiones son buenas o malas, pero sí en el proceso mediante el cual se toman.
Cuando uno tiene que decidir entre varias alternativas, son muchos los factores que podemos tener en cuenta. Es verdad que al final, muchas veces es nuestro cerebro reptiliano (por favor, discúlpenme los psicólogos por esta burda simplificación) el que la toma sin más, por alguna corazonada. Pero en general valoramos en nuestras cabezas el coste y el beneficio de cada posible camino a tomar.
Ahí es donde yo quería llegar. Tengo la sensación de que, en algunos casos, muchas personas toman decisiones sólo en base al beneficio (y a corto plazo, además) porque inconscientemente saben que el coste se lo va a comer otro. En el caso de nuestra empresa de ejemplo, los miembros del equipo A no tuvieron ni voz ni voto en las decisiones originales, pero ahora se comen a diario las consecuencias de aquellas.
Tristemente, me da la impresión de que esto es algo generalizado. Y que nuestro querido equipo A no está solo en su cofradía. Miramos alrededor y percibimos este patrón en muchas escenas cotidianas. Jefes que compran productos software que nunca van a tener que usar. Tenderos que te recomiendan productos que ellos no consumirían. Curanderos que te prescriben remedios cuyos efectos secundarios no van a sufrir. En general, consejos vendo que para mí no tengo.
En informática, el caso más paradigmático quizás es el de la gente que programa de manera descuidada, porque es consciente de que no va a tener que mantener dicho código. Suele ser la gente que se lleva las medallas, trabajadores del mes que deslumbran con su rapidez. Mi hipótesis es que esto no funcionaría si estas personas tuviesen que responder de sus decisiones, esto es, mantener, documentar y reparar el fruto de su entusiasmo digital. Ya vendrán otros. El equipo A, por ejemplo.
En determinados ámbitos, como el de la investigación, es normal crear engendros tecnológicos, porque normalmente quieres probar una idea de forma rápida. Pero en estos casos la persona que lo crea no tiene pensado ponerlo en producción. Se lo guisa y se lo come, con más o menos dolores de cabeza. Sólo hay que ver muchos de los programas o scripts que acompañan algunos artículos científicos.
No me quiero extender mucho más, así que voy a intentar ir al grano. Lo que planteo es que, cuando los fanáticos de la IA nos venden el aumento de productividad asociado, en realidad ese tiempo ahorrado no desaparece, sino que se transforma y traspasa a otro pringado. Cuando formas parte del equipo A, no te hace mucha gracia que ciertas personas cojan mucha velocidad.
Si alguien deja caer algo de basura al suelo, y nuestra labor es recogerla, se hace y punto. Sobre todo si te pagan por ello y las condiciones son dignas. Pero es que ahora ese alguien esparce la mierda en moto y te piden que lo sigas corriendo.
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