Un experimento sociológico

Hoy por la mañana salí a tomar un café y un pincho de tortilla a mi bar de cabecera. Este ritual placentero se ha convertido para mí en una forma de suavizar algunos de los efectos negativos del teletrabajo. A ser posible, quedo con algún amigo que trabaja cerca, para charlar un rato. Pero si no se puede, me vale con el hecho de salir y tomar el aire un poco. Además, la tortilla de este sitio está buenísima (no pienso decir cuál es, que luego se gentrifica).

El caso es que mi cerebro nunca puede estarse quieto. Siempre cavilando, siempre imaginando. La pena es que nunca suelen ser ideas geniales, de esas que te hacen millonario. Son más bien de nivel medio, apropiadas para un relato, un pequeño proyecto personal o simplemente como chiste o chascarrillo.

Voy al grano, sí. Que me pierdo. Hoy se me ocurrió una idea tremenda. Una red social donde el número de seguidores tuviera un límite superior. Y ya está.

Algunas cosas que me vienen a la cabeza:

En resumen, sería una mierda de red social para vender cosas, difundir noticias o derrocar a un rey, pero quizás sí sería buena para organizar grupetes de colegas afines con cierto contacto ocasional con el mundo exterior. Y si quieres hacer amigos nuevos, pues te va a tocar anunciarte en algún tablón.

Cuanto más lo pienso, más me recuerda al mundo antes de Internet.


Si te ha gustado esta entrada, puedes enviarme tus comentarios en Mastodon: @keyeoh@qoto.org