Pachucho

Hoy me he levantado algo pachucho. Mi cuerpo ha decidido declarar la revolución y abrazar a los invasores. Los muros han caído y, abrazado a un sanitario de color blanco sucio, he comenzado mi día. No se trata de nada grave, más bien parece algún tipo de proceso vírico intestinal de esos que tanto abundan. Ni me voy a morir ni quedarán secuelas. Mañana ya casi ni me acordaré.

Es curioso, sin embargo, como en ocasiones las dolencias más pequeñas nos convierten en auténticos caprichosos y quejicas. Una llamada de atención, quizás, que nos abstrae por un momento de esta adultez no solicitada y nos devuelve al niño que ya ni reconocemos en las fotos viejas. Siempre adscrito al rol de cuidador, un pequeño virus no es más que un salvoconducto para imbuirnos de un dulce e inocuo egoísmo. Por una tarde podemos volver a ser dependientes y privilegiados. Podemos ser mandones y exigir nuestra dosis de mimos.

Voy un poco más allá. Me fascina cómo una leve molestia de tripa puede afectar a mi equilibrio mental. Todo se relaciona con todo, y la falta de energía baja el listón de mi competencia a la hora de enfrentarme a mis responsabilidades diarias. Todo se me hace difícil, y me parece más lejano. Cualquier esfuerzo es insoportable. Y me tengo que recordar a cada segundo que no me estoy muriendo, que se trata sólo de un señal, un síntoma de ese capitalismo salvaje en el que vivimos, y que nos empuja cada día a dar la mejor versión (consumista) de nosotros mismos.

Vivimos al límite. En el trabajo, tenemos que usar lo último en tecnología para no quedarnos atrás. Formarnos en nuevos conocimientos que nos permitan, no ya comprender, pero sí entender, a nuestros compañeros más jóvenes. En casa debemos ponernos el traje de superhéroe y no sólo organizar compras, comidas e intendencia cual restaurante de bodas, sino también educar en valores a nuestros descendientes.

En caso de formar una pareja convencional, lo habitual ahora es que los dos tengan que trabajar para mantener el nidito. Si tu rollo es distinto en el amor y lo familiar, entiendo que tendrás que sumarle la incomprensión de los demás y la continua lucha por tu espacio en una sociedad que critica al diferente por deporte.

Hablemos de deportes. No vale con salir a caminar un rato por placer. Hay que decidirse por una actividad, comprar todo el outfit que toque y esforzarse en superarse día tras día. Porque quien no se mejora a sí mismo, se queda atrás, es un fracasado y además no ha entendido los principios básicos del capitalismo, en los que tenemos que crecer personalmente hasta reventar cual globo lleno de falsas promesas de superación.

¿Es extraño entonces que a la mínima señal de disconformidad queramos abandonar el barco? Este ritmo no hay quién lo aguante. Creo que me estoy mareando un poco al escribir. Me voy a bajar un ratito de la rueda a descansar. Por lo menos hasta que mi pareja me pida la vez.


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