Mi espalda y yo

Pues resulta que tengo la espalda bastante tocada. Eso ha dicho el médico. Como buen coleccionista, me he hecho con unas cuantas hernias de diseño. Y luego he rematado con algo de artrosis porque lo de las hernias ya estaba muy visto. Un cuadro.

La verdad es que grave, grave, no es. Tengo en mi entorno a gente pasándolo mucho peor. Quizás lo que menos estoy llevando es el diálogo conmigo mismo. Ese en el que me recuerdo que ya tengo una edad, que la entropía es muy suya, y que al final todos vamos degenerando. Cada uno a su ritmo.

Ninguna crisis de la mediana edad sin sus achaques. Ningún medio siglo sin llegar al ralentí. Me tendré que poner en modo ahorro de batería, y olvidar todas las actividades que requieren de alegría y movimiento de cadera. Bueno, todas, todas, no.

A estas alturas poco importa si el culpable fue el deporte descontrolado, los entrenadores indocumentados, mi yo adolescente haciendo burradas, o el primo hermano de una dieta baja en calcio. Mi espalda ha dicho que necesita mimos y yo, obediente, voy a hacer todo lo posible por contentarla.

Porque se lo merece. No en vano lleva muchos años aguantándome.


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