Improvisación 20260209
A veces siento que el aire está hecho de pequeñas criaturas de colores. Que toda una civilización, con sus normas y costumbres, es aniquilada cada vez que inspiro. Millares de sueños y esperanzas compartidas, trazadas con tiza sobre la acera sucia y húmeda de una calle de Nueva York, se topan de bruces con un final inesperado.
La oscuridad que habita el interior de mis pulmones se convierte en inesperado creador. De sus invisibles dedos surge la magia que planta la luz necesaria para encontrar el camino a un nuevo día. Pequeños seres reptan a la vera del camino, y sus cuerpos luminosos alertan de futuras malas decisiones, forzándome a escoger, a tomar partido por algo y perderlo todo, mientras el aire se sigue escapando por las aberturas que mis dedos imperfectos no pueden sellar.
Sueño parece, y es, la historia que ahora vomito. De mis dedos surgen rayos, destellos sin sentido, razones y desazones que afectan a este cuerpo marchito. El tic tac es cada vez más fuerte, la pared no aguantará. El tiempo del reloj se desprende, y el ahora se va por el desagüe mientras nos hace gestos obscenos con el dedo.
Largo de mi casa, seres estúpidos de colores. Mi color, aunque pastel, no deja de ser mío. En la oscuridad me siento a silbar mi melodía. Mientras tanto, pienso, tenderé mis dudas en las ventanas y esperaré a empezar esta botella que tanto me gusta.
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