Es una mierda ser un tibio
Hay partes de mi carácter que nunca me han gustado. Como le estará pasando a tantas otras personas, imagino. Una de ellas es el hecho de ser un tibio. Siempre me ha costado posicionarme, tomar partido por una entre varias opciones. Hay cosas, por supuesto, por las que no paso. Un código ético oculto entre los arbustos, con miedo a salir y ser pisoteado, mantiene con vida a la poca cordura que me queda.
Me ha pasado estos días con la última batalla en el mundo del Mastodon hispano. Al parecer, no es algo nuevo, sino una más dentro de una guerra ya histórica. No voy a entrar en detalles, pero ha habido conflicto y la cosa ha acabado con una instancia bloqueando a otra.
Cuando me abrí, sin idea alguna, mi cuenta en una instancia extranjera, no me di cuenta de lo que hacía. El lado malo es que me perdía un entorno local en el que descubrir gente interesante. El bueno lo he visto estos días, y es que he asistido al conflicto con cierta distancia, como un observador o reportero en tiempos de guerra.
He leído mensajes de ambas partes. A veces pienso que los del equipo de los Tigres llevan razón. Otras veces me pongo en lugar de los Leones y los comprendo. También, por supuesto, aplico el mismo rasero para las cosas malas, que también se pueden repartir. ¿Mi mayor pena? Pues que hay gente muy decente en ambos lados y esos son los que pierden al final siempre. La famosa “tercera vía”, eterna olvidada de la historia (en su día me gustó mucho un libro de Paul Preston que hablaba de las tres Españas de la Guerra Civil).
Pienso que la tibieza, o cobardía, que me caracteriza no es más que una estrategia de supervivencia. Nunca, desde pequeño, me ha gustado el conflicto. Tengo muchos problemas de ansiedad y cualquier alteración, bronca o discusión fuerte a mi alrededor me provoca una reacción muy fuerte. A veces, de joven, llegué a perder el control y actuar de forma violenta (le pegué un puñetazo a un matón de instituto cuando me sentí acorralado). Que sí, que pegarle al matón o al nazi está bien, pero no fue por valentía. No nos equivoquemos. Fue por escapar de allí.
Con el tiempo, me he acostumbrado a controlar los nervios, a tratar de que nada me afecte ni me hiera. Y eso quizás es lo que ha hecho que haya encontrado refugio en el punto medio, allí donde habitan los cobardes. Vamos a ver, si ni siquiera soy capaz de escoger mi película, juego o disco favoritos. Ni dónde ir a comer. Ni qué hacer este fin de semana.
Intento informarme siempre, pero en este mundo de hoy en día, con tanto think tank en un sentido o en otro, es cada vez más difícil disponer de la información necesaria y que no esté sesgada de alguna manera. Vas dudando de todo, y ese relativismo te acaba matando y enterrando. Aparece la parálisis por (excesivo) análisis y toda tu vida empieza a derrapar.
Y no me gusta. Lo reitero, si no ha quedado claro. Tengo mis líneas rojas: soy de izquierdas porque pienso que la vida es azar, y que los privilegiados tenemos un deber moral para con aquellos que no lo han sido. Soy ecologista porque me parece imposible que haya gente que pueda creer que un crecimiento exponencial es posible en un sistema con recursos finitos. Soy feminista porque me he criado entre mujeres y he sido testigo de las agresiones que sufren a diario, etc, etc.
Pero sigue sin gustarme. En el conflicto al que he asistido, yo no hubiera bloqueado la instancia sin haber agotado más vías antes. Oye, y a lo mejor es que me falta mucho contexto. Lo que me gustaría sería coger a todos los implicados de ambos bandos, sentarlos un ratito en el rincón de pensar, hablar con ellos sobre empatía y luego tratar de juntarlos en algún rincón virtual y hablar sobre lo ocurrido como adultos funcionales y civilizados. Porque si de algo estoy seguro, es de que cualquier acción o decisión tomada en caliente va a ser mala por definición, ya que responde a nuestra parte más emocional, y no a nada razonable.
Uno, dos y tres. Cuatro, cinco y seis. Yo me calmaré. Todos lo veréis.
¿Suena paternalista? Es que soy padre de tres adolescentes. Y antes fui monitor de campamento. Y sé algo de cómo surgen estas dinámicas y sobre su carácter inevitable. El “y tú más” es una estrategia muy útil para ciertas acciones políticas, pero nada eficaz a la hora de construir comunidad.
Yo seguiré siendo tibio, aunque no me guste, porque a estas alturas ya no sé hacer otra cosa.
Si te ha gustado esta entrada, puedes enviarme tus comentarios en Mastodon: @keyeoh@qoto.org