Encajar

Sospecho que la puerta no encaja bien. Esa puerta que te da acceso a mis pasillos.

Goznes que lloran. Madera que sobra y te impide poner un pie donde habito.

He buscado alivio en manos de comerciantes de pararrayos. Traficantes de lágrimas o bocanadas de amigo. Nunca en la carpintería.

He pulido el tiempo y redondeado sus astilladas esquinas. Todavía loco, me resigno y admiro de este dilema la ironía.

Ni voy ni vengo. Estoy condenado a ser espectador perplejo.

No tengo, ni voy a tener ganas de hacer el amor con mi reflejo.

Esa puerta sigue sin encajar bien. A veces chirría e incomoda.

Y tú te quedas con las ganas de entrar y arrancarme de las sombras.


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