En el coche
La oscuridad amenaza con invadir el interior del coche. El tiempo abandona nuestro templado refugio al compás irregular que marcan las gotas de lluvia en una síncopa de reflejos distorsionados sobre el cristal. El calor restante no tardará en seguir sus pasos y arrancarnos del delicado abrazo del silencio.
Vemos borroso porque llevamos las gafas en la frente, justo en la linde que separa al pasado zagal del viejo en construcción. El paso a nivel de la vida, donde los chasis gastados por el uso se atascan e intentan adivinar de qué lado vendrá el tren.
Puede ser que esta vez haya suerte, y el tren sea de vía estrecha. Esos hacen menos daño al pasarte por encima, no como un martes desbocado en nuestro cubículo de color blanco sucio.
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