Ella

Dejemos por hoy el narcisismo a un lado. Hablemos de ella. La razón por la que estoy vivo. El calor que me sirve de faro cuando vuelvo a casa entre la niebla. La que evita que todo se hunda y convierte en calma chicha lo que hace un momento eran tormentas.

Ella siempre ha estado ahí. Ha sido el pecho sobre el que derramar lágrimas, y la mirada que todo lo entiende y respeta. Eso en los momentos malos. Me cuesta por otro lado recordar algún instante de felicidad del que no haya sido cómplice.

A veces soy malo con ella. Discuto, critico, o simplemente la descuido. Los locos es lo que tenemos. Mordemos la mano que nos da de querer. Pero me basta un segundo sin ella para darme cuenta de lo mucho que la necesito. Y entonces lamento todas y cada una de mis acciones que hayan podido insinuar siquiera una tara en su comportamiento.

A lo mejor no es perfecta. No lo puedo ni imaginar. Pero sé que es la pieza del rompecabezas que vino a mostrarme el paisaje, la visión general de una vida que merece la pena. Es mi compañera de viaje y mi destino.

A veces, se marchita un poco y parece una película a cámara lenta. Me gusta en esos momentos ofrecerle un abrazo, tratar de devolverle una ínfima parte de todo lo que ella me ha dado. Creo que lo consigo.

Con ella he mejorado como hombre, como padre y como hijo. Como compañero y amigo. Es la mejor madre, amiga, compañera, confesora, cuidadora, asesora y persona con la que podía haber soñado.

Escribo esto desde un tren que me lleva a toda velocidad hacia sus brazos. Cada segundo se me hace bola. Cada parada es un pequeño martirio, tolerable porque sé que, al final de la vía, ella me espera.


Si te ha gustado esta entrada, puedes enviarme tus comentarios en Mastodon: @keyeoh@qoto.org