Cincuenta

Escribo estas líneas el día de mi cumpleaños. Uno de abril. Coincide además que es el día de los inocentes en bastantes partes del mundo. Eso lo podría corroborar mi madre o mi compañera, porque menuda inocentada llevan aguantando todos estos años.

Y es que son ya unos cuantos días los que llevo por aquí. Cincuenta añazos me caen hoy. Suena fuerte, ¿eh? Medio siglo. Tiene además este número la cualidad de que suena a mitad perfecta, pero no nos engañemos, que a estas alturas ya le he dado la vuelta al jamón.

Tengo tendencia a la negatividad. La salud mental, ya sabéis. La percepción. Esa especie de filtro que oscurece las imágenes de nuestra propia vida. Pero quiero aprovechar hoy este rincón para afirmar alguna cosa, para decir algo positivo.

He tenido hasta ahora cincuenta años de vida muy feliz.

Unos padres que se querían y un entorno seguro donde crecer.

Unos amigos que me siguen aguantando a pesar de ser un agonías.

Una compañera a la que le rezuma la paciencia por los poros y me sigue queriendo aunque sea un gilipollas en ocasiones.

Unos hijos que, para ser adolescentes, he de reconocer que no me han salido mal. Es broma. Van a ser muy buenas personas.

Una casa donde vivir y un trabajo que me permite ganarme la vida y darme algún capricho de vez en cuando.

Pensando en todo esto, creo que he tenido suerte. Y eso es algo que a veces se me olvida. Hay gente en el mundo pasándolo muy mal, y yo soy un privilegiado. Mi objetivo para lo que me queda es ser consciente, darme cuenta de una vez de que la felicidad son las cosas pequeñas, y seguir tratando de ayudar a todos los que lo necesitan más que yo.

Creo que con eso ya tengo bastante para estar ocupado.


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