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    <title>Psicocriptoautorretrato</title>
    <link>https://escritura.social/imigueldiaz/</link>
    <description>Semillas de locura</description>
    <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 14:19:58 +0000</pubDate>
    <item>
      <title>La Duna</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/la-duna</link>
      <description>&lt;![CDATA[La Duna&#xA;&#xA;Publicado originalmente en enero de 2016&#xA;&#xA;Se arrodilla sobre la duna y recoge los granos con los puños, apretándolos con fuerza, mientras mira al infinito de la nada; estos se escurren entre los dedos, ignorándolos en su esfuerzo.&#xA;&#xA;Impotencia, mientras observa la interminable hilera de personas que cruza el desierto con todas sus pertenencias encima. Rabia, mientras recuerda los restos bombardeados de su preciosa ciudad. El barrio donde vivía ahora es un montón de escombros calcinados por las bombas de racimo. El parque junto a su bloque de apartamentos, un puñado de ceniza grisácea que lo cubre todo. Tristeza inconsolable: muchos de sus amigos, con los que jugaba al fútbol y a la consola, quedaron enterrados entre ellos. Terror a los hombres embozados y armados con fusiles, de quién sabe qué facción, revisando que la vestimenta sea adecuada a sus preceptos en nombre de quién sabe qué Dios.&#xA;!--more--&#xA;Su propia familia se para a esperarle; su madre le mira, silenciosa bajo su hijab de un verde desvaído, no comprende lo que hace postrado bajo el sol abrasador. Su padre le tiende la mano, mudo, silencioso, con ternura insospechada, invitándole a levantarse.&#xA;&#xA;Su hermana pequeña, con su embarrado peluche debajo del brazo, con botones remendados a toda prisa donde antes hubo unos relucientes ojos de metal negros y brillantes, le mira insegura, a punto de soltarse a llorar, apretando la mandíbula para no hacerlo.&#xA;&#xA;Bajo su pelo apelmazado por el sudor y el polvo, que hasta hace apenas días era brillante y ensortijado, su frente aparece febril y quemada, con retazos de piel a medio regenerar. Necesita algo real a lo que aferrarse, necesita a su hermano mayor. Ha sido fuerte, ha sido valiente hasta el límite y mucho más. «Por favor, no te rindas» —suplica su mirada en silencio.&#xA;&#xA;Con un suspiro, ayudado por la mano tendida de su padre, se levanta y empieza a caminar, impostando firmeza, adelante, siempre adelante, hasta el siguiente pueblo, la siguiente ciudad, la siguiente montaña, el siguiente río, el mar, el muro alambrado que no le dejaremos pasar escudados en nuestra codicia, en nuestra ignorancia, en nuestras cuotas inhumanas.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<h2 id="la-duna">La Duna</h2>

<p><em>Publicado originalmente en enero de 2016</em></p>

<p>Se arrodilla sobre la duna y recoge los granos con los puños, apretándolos con fuerza, mientras mira al infinito de la nada; estos se escurren entre los dedos, ignorándolos en su esfuerzo.</p>

<p>Impotencia, mientras observa la interminable hilera de personas que cruza el desierto con todas sus pertenencias encima. Rabia, mientras recuerda los restos bombardeados de su preciosa ciudad. El barrio donde vivía ahora es un montón de escombros calcinados por las bombas de racimo. El parque junto a su bloque de apartamentos, un puñado de ceniza grisácea que lo cubre todo. Tristeza inconsolable: muchos de sus amigos, con los que jugaba al fútbol y a la consola, quedaron enterrados entre ellos. Terror a los hombres embozados y armados con fusiles, de quién sabe qué facción, revisando que la vestimenta sea adecuada a sus preceptos en nombre de quién sabe qué Dios.

Su propia familia se para a esperarle; su madre le mira, silenciosa bajo su <em>hijab</em> de un verde desvaído, no comprende lo que hace postrado bajo el sol abrasador. Su padre le tiende la mano, mudo, silencioso, con ternura insospechada, invitándole a levantarse.</p>

<p>Su hermana pequeña, con su embarrado peluche debajo del brazo, con botones remendados a toda prisa donde antes hubo unos relucientes ojos de metal negros y brillantes, le mira insegura, a punto de soltarse a llorar, apretando la mandíbula para no hacerlo.</p>

<p>Bajo su pelo apelmazado por el sudor y el polvo, que hasta hace apenas días era brillante y ensortijado, su frente aparece febril y quemada, con retazos de piel a medio regenerar. Necesita algo real a lo que aferrarse, necesita a su hermano mayor. Ha sido fuerte, ha sido valiente hasta el límite y mucho más. «Por favor, no te rindas» —suplica su mirada en silencio.</p>

<p>Con un suspiro, ayudado por la mano tendida de su padre, se levanta y empieza a caminar, impostando firmeza, adelante, siempre adelante, hasta el siguiente pueblo, la siguiente ciudad, la siguiente montaña, el siguiente río, el mar, el muro alambrado que no le dejaremos pasar escudados en nuestra codicia, en nuestra ignorancia, en nuestras cuotas inhumanas.</p>

<hr>

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</div>
]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/la-duna</guid>
      <pubDate>Mon, 24 Mar 2025 12:06:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Solo por Madrid</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/solo-por-madrid</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en junio de 2007&#xA;&#xA;div class=&#34;hero-image&#34;&#xA;  img src=&#34;https://images.unsplash.com/photo-1558370781-d6196949e317&#34; alt=&#34;Calle de Madrid&#34;&#xA;  emFoto de a href=&#34;https://unsplash.com/@alexvasey&#34; rel=&#34;nofollow&#34;Alex Vasey/a en a href=&#34;https://unsplash.com/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;Unsplash/a/em&#xA;/div&#xA;&#xA;Paseo en silencio, solitario, por el centro de Madrid.&#xA;&#xA;Un cuarteto de cuerda interpreta a Vivaldi en la calle Toledo; la multitud se agrupa curiosa, en silencio, a su alrededor, bajo un cielo plomizo donde se adivinan tímidos rayos de sol.&#xA;&#xA;El bazar árabe, un poco más abajo, me inunda con su mezcla de fragancias: mirra, sándalo e inciensos variados se mezclan con el olor dulzón del cuero del calzado.&#xA;!--more--&#xA;La Plaza de Antón Martín está casi desierta; dos barrenderos se esmeran en raspar de la acera las hojas de publicidad empapadas por el chaparrón de la mañana.&#xA;&#xA;Bajando por la calle Lavapiés, un mundo nuevo de sensaciones me inunda y me embriaga: el olor de las dolmas se mezcla con el de la carne del kebab de cordero y el curri de los restaurantes indios; en un locutorio nigeriano los dueños charlan en la calle entre risas, y un videoclub ofrece DVD de cine de Bollywood y productos de alimentación.&#xA;&#xA;El cielo sigue plomizo, con la humedad reciente de la lluvia caída, polarizando la luz y reavivando los colores.&#xA;&#xA;Argumosa, como siempre, en su microcosmos: en las terrazas improvisadas se agolpan y conviven en armonía rastafaris, pijipis, árabes y europeos desorientados que miran a su alrededor con curiosidad.&#xA;&#xA;Me paso por La Libre y compro unos libros para documentarme sobre acción social y no violencia, y termino por comer un plato abigarrado de tiras de cordero, falafel, arroz y ensalada en plena calle Atocha.&#xA;&#xA;El mundo se mueve a mi alrededor, y yo, maravillado, lo contemplo delante de un capuchino italiano. Solo, eso sí.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en junio de 2007</em></p>

<div class="hero-image">
  <img src="https://images.unsplash.com/photo-1558370781-d6196949e317" alt="Calle de Madrid">
  <em>Foto de <a href="https://unsplash.com/@alexvasey" rel="nofollow">Alex Vasey</a> en <a href="https://unsplash.com/" rel="nofollow">Unsplash</a></em>
</div>

<p>Paseo en silencio, solitario, por el centro de Madrid.</p>

<p>Un cuarteto de cuerda interpreta a Vivaldi en la calle Toledo; la multitud se agrupa curiosa, en silencio, a su alrededor, bajo un cielo plomizo donde se adivinan tímidos rayos de sol.</p>

<p>El bazar árabe, un poco más abajo, me inunda con su mezcla de fragancias: mirra, sándalo e inciensos variados se mezclan con el olor dulzón del cuero del calzado.

La Plaza de Antón Martín está casi desierta; dos barrenderos se esmeran en raspar de la acera las hojas de publicidad empapadas por el chaparrón de la mañana.</p>

<p>Bajando por la calle Lavapiés, un mundo nuevo de sensaciones me inunda y me embriaga: el olor de las <em>dolmas</em> se mezcla con el de la carne del <em>kebab</em> de cordero y el <em>curri</em> de los restaurantes indios; en un locutorio nigeriano los dueños charlan en la calle entre risas, y un videoclub ofrece DVD de cine de <em>Bollywood</em> y productos de alimentación.</p>

<p>El cielo sigue plomizo, con la humedad reciente de la lluvia caída, polarizando la luz y reavivando los colores.</p>

<p>Argumosa, como siempre, en su microcosmos: en las terrazas improvisadas se agolpan y conviven en armonía <em>rastafaris</em>, <em>pijipis</em>, árabes y europeos desorientados que miran a su alrededor con curiosidad.</p>

<p>Me paso por La Libre y compro unos libros para documentarme sobre acción social y no violencia, y termino por comer un plato abigarrado de tiras de cordero, <em>falafel</em>, arroz y ensalada en plena calle Atocha.</p>

<p>El mundo se mueve a mi alrededor, y yo, maravillado, lo contemplo delante de un capuchino italiano. Solo, eso sí.</p>

<hr>

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</div>
]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/solo-por-madrid</guid>
      <pubDate>Fri, 21 Mar 2025 07:17:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Decadencia o dignidad</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/decadencia-o-dignidad</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en octubre de 2015&#xA;&#xA;La humanidad está sangrando. Un río de personas, cientos, miles, cientos de miles, huyen de sus regiones; les masacran, bombardean sus hogares, gasean sus ciudades, les matan de hambre sin trabajo, sin futuro y sin esperanzas. La humanidad está sangrando.&#xA;!--more--&#xA;La humanidad llora. La cuna del mundo, África, hace siglos que está siendo expoliada, y ahora, Oriente Medio, la cuna de las grandes civilizaciones, se ha convertido en un polvorín, un horrible campo de batalla entre ruinas de monumentos de 4000 años de antigüedad, ciudades antiguas como el desierto con sus edificios partidos por la mitad por obuses indiscriminados. La humanidad llora.&#xA;&#xA;Un gigantesco e imparable tsunami de seres humanos nos pide ayuda. Son personas como nosotros, con nombre, amigos, familia, y dignidad; dignidad para no dejarse masacrar, no dejarse bombardear, no dejarse gasear, no dejarse morir de inanición.&#xA;&#xA;Cada familia con su familia, cada amigo con sus amigos, nos piden, nos ruegan, que no les dejemos morir, cada uno en su idioma: árabe, farsi, dari, inglés, francés. «¡No dejes que muera!».&#xA;&#xA;Enfrente, la gran Unión Europea se quita la careta; el premio Nobel de la Paz es incapaz de reaccionar ante esta lección de vida y sed de vivir. El miedo a perder lo que tiene, a perder una pequeña parte de su modo de vida, lo inunda todo. Una reunión tras otra. Declaración tras declaración. Y mientras, cientos de miles de personas recorren 5 o 6 países a pie en busca de una vida mejor. Miles de personas son apaleadas y empujadas como animales entre reunión y reunión. Embutidas en trenes y numeradas en la muñeca casi como hace 70 años.&#xA;&#xA;Bajo el chantaje del perjuicio económico, de la «identidad cristiana» de Europa, de «la unicidad étnica», de la «seguridad común ante yihadistas infiltrados», dejan que seres humanos mueran en la nada: mujeres, niños, hombres, desolados, sin palabras, impotentes ante vallas de centenares de kilómetros fabricadas con concertinas made in Spain.&#xA;&#xA;Pobre Europa, la llamamos el viejo continente y, después de 3000 años, aún no se ha dado cuenta de que la economía solo es un acuerdo entre iguales que puede ser cambiado a voluntad; el cristianismo solo es una de las miles de creencias espirituales del ser humano; por fortuna, la piel del ser humano es de muchos tonos desde hace mucho tiempo; y los yihadistas van más cómodos viajando en primera clase de aviones y trenes que andando miles de kilómetros.&#xA;&#xA;Pobre Europa, entre acogida y miedo, escoge el miedo; entre solidaridad y desconfianza, escoge desconfianza; entre dignidad y decadencia, escoge decadencia.&#xA;&#xA;Pero aún queda un rayo de esperanza, cada día mayor: la gente común, la gente común que se rebela contra miedo, desconfianza y burocracia.&#xA;&#xA;Aunque la muerte y desesperación de miles de personas ya no es noticia de primera plana en los periódicos, algunas alcaldesas y alcaldes han decidido abrir sus ciudades a la hospitalidad; ciudadanos anónimos se acercan a caminos intransitables para regalar bebida, alimentos, ropa, juguetes.&#xA;&#xA;Centenares de personas ofrecen a refugiados sitio en sus casas, y unos cuantos centenares más recogen a refugiados hambrientos y desesperados con sus coches particulares —arriesgándose a ser multados— para llevarles de manera gratuita y desinteresada a las ciudades con las que sueñan o lo más cerca de ellas que pueden.&#xA;&#xA;La gente común se organiza para vigilar en sus barcos por si alguien cae al agua, hacer llegar mapas de los campos minados de Croacia o avisar de en qué zonas del camino vigila la policía a esta gente que anhela continuar con su vida.&#xA;&#xA;Y es que algunas personas, al contrario que la Vieja Europa, eligen la dignidad ante la decadencia.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en octubre de 2015</em></p>

<p>La humanidad está sangrando. Un río de personas, cientos, miles, cientos de miles, huyen de sus regiones; les masacran, bombardean sus hogares, gasean sus ciudades, les matan de hambre sin trabajo, sin futuro y sin esperanzas. La humanidad está sangrando.

La humanidad llora. La cuna del mundo, África, hace siglos que está siendo expoliada, y ahora, Oriente Medio, la cuna de las grandes civilizaciones, se ha convertido en un polvorín, un horrible campo de batalla entre ruinas de monumentos de 4000 años de antigüedad, ciudades antiguas como el desierto con sus edificios partidos por la mitad por obuses indiscriminados. La humanidad llora.</p>

<p>Un gigantesco e imparable tsunami de seres humanos nos pide ayuda. Son personas como nosotros, con nombre, amigos, familia, y dignidad; dignidad para no dejarse masacrar, no dejarse bombardear, no dejarse gasear, no dejarse morir de inanición.</p>

<p>Cada familia con su familia, cada amigo con sus amigos, nos piden, nos ruegan, que no les dejemos morir, cada uno en su idioma: árabe, farsi, dari, inglés, francés. «¡No dejes que muera!».</p>

<p>Enfrente, la gran Unión Europea se quita la careta; el premio Nobel de la Paz es incapaz de reaccionar ante esta lección de vida y sed de vivir. El miedo a perder lo que tiene, a perder una pequeña parte de su modo de vida, lo inunda todo. Una reunión tras otra. Declaración tras declaración. Y mientras, cientos de miles de personas recorren 5 o 6 países a pie en busca de una vida mejor. Miles de personas son apaleadas y empujadas como animales entre reunión y reunión. Embutidas en trenes y numeradas en la muñeca casi como hace 70 años.</p>

<p>Bajo el chantaje del perjuicio económico, de la «identidad cristiana» de Europa, de «la unicidad étnica», de la «seguridad común ante yihadistas infiltrados», dejan que seres humanos mueran en la nada: mujeres, niños, hombres, desolados, sin palabras, impotentes ante vallas de centenares de kilómetros fabricadas con concertinas <em>made in Spain</em>.</p>

<p>Pobre Europa, la llamamos el viejo continente y, después de 3000 años, aún no se ha dado cuenta de que la economía solo es un acuerdo entre iguales que puede ser cambiado a voluntad; el cristianismo solo es una de las miles de creencias espirituales del ser humano; por fortuna, la piel del ser humano es de muchos tonos desde hace mucho tiempo; y los yihadistas van más cómodos viajando en primera clase de aviones y trenes que andando miles de kilómetros.</p>

<p>Pobre Europa, entre acogida y miedo, escoge el miedo; entre solidaridad y desconfianza, escoge desconfianza; entre dignidad y decadencia, escoge decadencia.</p>

<p>Pero aún queda un rayo de esperanza, cada día mayor: la gente común, la gente común que se rebela contra miedo, desconfianza y burocracia.</p>

<p>Aunque la muerte y desesperación de miles de personas ya no es noticia de primera plana en los periódicos, algunas alcaldesas y alcaldes han decidido abrir sus ciudades a la hospitalidad; ciudadanos anónimos se acercan a caminos intransitables para regalar bebida, alimentos, ropa, juguetes.</p>

<p>Centenares de personas ofrecen a refugiados sitio en sus casas, y unos cuantos centenares más recogen a refugiados hambrientos y desesperados con sus coches particulares —arriesgándose a ser multados— para llevarles de manera gratuita y desinteresada a las ciudades con las que sueñan o lo más cerca de ellas que pueden.</p>

<p>La gente común se organiza para vigilar en sus barcos por si alguien cae al agua, hacer llegar mapas de los campos minados de Croacia o avisar de en qué zonas del camino vigila la policía a esta gente que anhela continuar con su vida.</p>

<p>Y es que algunas personas, al contrario que la Vieja Europa, eligen la dignidad ante la decadencia.</p>

<hr>

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</div>
]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/decadencia-o-dignidad</guid>
      <pubDate>Thu, 20 Mar 2025 09:46:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Cuenta tu también</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/cuenta-tu-tambien</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en febrero de 2015&#xA;&#xA;  Se miente más de la cuenta  &#xA;  por falta de fantasía:  &#xA;  también la verdad se inventa  &#xA;&#xA;  ANTONIO MACHADO &#xA;&#xA;El ser humano es un ser eminentemente social; la necesidad de comunicarnos, mezclarnos, fusionarnos y comprendernos es parte de nuestro objetivo primario. Comunicarnos a todos los niveles: físico, mental, emocional e interno.&#xA;!--more--&#xA;Uno de los medios más antiguos para cubrir esta necesidad es el cuento. El cuento no solo narra una realidad más o menos inventada; el cuento nos hace expresar partes de nosotros mismos que ni siquiera conocemos y, a veces, ni siquiera sospechamos. Un buen narrador es aquel que atrapa al que escucha con la emoción, y esa emoción no se puede fingir.&#xA;&#xA;Cuando asistimos a una contada como oyentes (o más bien como sintientes), no somos conscientes del trabajo que tiene detrás. Un narrador, cuando cuenta, debe saber lo que quiere expresar y por qué, hilando un cuento con la siguiente historia para lograr una unidad fluida: un hilo de Ariadna que se desmadeja a medida que pasan los minutos.&#xA;&#xA;Al igual que escuchar una contada nos limpia y nos hace uno con la tribu, el contar nos lleva a estados de atención, emoción y expresión que durante el resto del tiempo nos son negados. El día a día nos arrastra a una espiral de movimientos automatizados y sin sentido. Cuando contamos, conectamos con nosotros mismos, y esa conexión nos hace sentir más vivos y lúcidos; nos quitamos la máscara ante el mundo. En ese momento somos un canal: un canal entre lo que queremos expresar, lo que necesitamos expresar y quienes quieren oírnos.&#xA;&#xA;Contar cuentos no es solo algo que uno siente o no siente. Si se siente la llamada de contar, de expresar eso que tenemos todos dentro, y emocionar y emocionarnos, es conveniente una preparación previa. Las escuelas de cuentacuentos nos enseñan a relajarnos, a preparar nuestra voz, a perder nuestras inhibiciones ante la gente y ante nosotros mismos; también nos enseñan técnicas para seleccionar, preparar y memorizar nuestros cuentos. Leer, releer, reescribir, pulir y ensayar son parte del día a día del que disfruta narrando.&#xA;&#xA;Algunos narradores prefieren, además de contar, escribir los cuentos que cuentan; siendo parte de su trabajo creativo esta escritura previa. Otros, por el contrario, prefieren poner voz a lo escrito por otros; pero esta voz nunca será una simple repetición ni un eco de lo escrito. El contador hará el cuento suyo y lo expresará desde su propia emoción; cada vez que lo cuente será un cuento nuevo: un día más triste, otro alegre; otro glorioso y otro épico. Porque él es otro sintiente, como el resto de la tribu que ha acudido a escucharle.&#xA;&#xA;Hay quien cuenta vestido para la ocasión; hay quien cuenta con música; hay quien cuenta para adultos, familias, niños o bebés. Cada narrador es único y se expresa de manera única.&#xA;&#xA;¡Atrévete! Conócete a ti mismo. Expresa lo que sientes contando a los demás. Conecta con tu emoción; escapa al sinsentido.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en febrero de 2015</em></p>

<blockquote><p>Se miente más de la cuenta<br>
por falta de fantasía:<br>
también la verdad se inventa</p>

<p>ANTONIO MACHADO</p></blockquote>

<p>El ser humano es un ser eminentemente social; la necesidad de comunicarnos, mezclarnos, fusionarnos y comprendernos es parte de nuestro objetivo primario. Comunicarnos a todos los niveles: físico, mental, emocional e interno.

Uno de los medios más antiguos para cubrir esta necesidad es el cuento. El cuento no solo narra una realidad más o menos inventada; el cuento nos hace expresar partes de nosotros mismos que ni siquiera conocemos y, a veces, ni siquiera sospechamos. Un buen narrador es aquel que atrapa al que escucha con la emoción, y esa emoción no se puede fingir.</p>

<p>Cuando asistimos a una contada como oyentes (o más bien como sintientes), no somos conscientes del trabajo que tiene detrás. Un narrador, cuando cuenta, debe saber lo que quiere expresar y por qué, hilando un cuento con la siguiente historia para lograr una unidad fluida: un hilo de Ariadna que se desmadeja a medida que pasan los minutos.</p>

<p>Al igual que escuchar una contada nos limpia y nos hace uno con la tribu, el contar nos lleva a estados de atención, emoción y expresión que durante el resto del tiempo nos son negados. El día a día nos arrastra a una espiral de movimientos automatizados y sin sentido. Cuando contamos, conectamos con nosotros mismos, y esa conexión nos hace sentir más vivos y lúcidos; nos quitamos la máscara ante el mundo. En ese momento somos un canal: un canal entre lo que queremos expresar, lo que necesitamos expresar y quienes quieren oírnos.</p>

<p>Contar cuentos no es solo algo que uno siente o no siente. Si se siente la llamada de contar, de expresar eso que tenemos todos dentro, y emocionar y emocionarnos, es conveniente una preparación previa. Las escuelas de cuentacuentos nos enseñan a relajarnos, a preparar nuestra voz, a perder nuestras inhibiciones ante la gente y ante nosotros mismos; también nos enseñan técnicas para seleccionar, preparar y memorizar nuestros cuentos. Leer, releer, reescribir, pulir y ensayar son parte del día a día del que disfruta narrando.</p>

<p>Algunos narradores prefieren, además de contar, escribir los cuentos que cuentan; siendo parte de su trabajo creativo esta escritura previa. Otros, por el contrario, prefieren poner voz a lo escrito por otros; pero esta voz nunca será una simple repetición ni un eco de lo escrito. El contador hará el cuento suyo y lo expresará desde su propia emoción; cada vez que lo cuente será un cuento nuevo: un día más triste, otro alegre; otro glorioso y otro épico. Porque él es otro sintiente, como el resto de la tribu que ha acudido a escucharle.</p>

<p>Hay quien cuenta vestido para la ocasión; hay quien cuenta con música; hay quien cuenta para adultos, familias, niños o bebés. Cada narrador es único y se expresa de manera única.</p>

<p>¡Atrévete! Conócete a ti mismo. Expresa lo que sientes contando a los demás. Conecta con tu emoción; escapa al sinsentido.</p>

<hr>

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      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/cuenta-tu-tambien</guid>
      <pubDate>Tue, 18 Mar 2025 07:53:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Deja que te cuenten</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/deja-que-te-cuenten</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en enero de 2015&#xA;&#xA;En las antiguas tribus, en los pequeños asentamientos, antes, mucho antes del nacimiento de las antiguas civilizaciones, los habitantes del lugar, en noches señaladas o momentos de ocio y relax, se sentaban en círculos alrededor del fuego, hipnotizados por una voz, una voz que les hablaba de llanuras lejanas, de cimas inalcanzables, de hazañas de sus padres y de sus abuelos, y de los abuelos de estos. Cuando el cuentacuentos hablaba, el mundo se paraba y el ser humano escuchaba.&#xA;!--more--&#xA;El cuentacuentos, a menudo vestido de manera especial para la ocasión, poseía el poder de la palabra, y con ese poder sanaba a los que escuchaban de una manera especial y única. El cuentacuentos era el encargado de la kátharsis (purificación) del grupo; mediante sus historias, basadas en arquetipos universales comunes a la humanidad —la chamana, el chamán, el mago, la maga, la reina, el rey, el héroe, la heroína, el sabio, la pitonisa…—, limpiaba a sus iguales de sus nudos emocionales, psicofísicos y espirituales.&#xA;&#xA;Cuando escuchas un cuento —los bebés, cuentos para bebés; los niños, cuentos para niños; los adultos, cuentos para adultos—, te haces uno con el resto de la tribu, tus iguales, que comparten contigo esa palabra que masajea lo más profundo de tu psique y tu emoción.&#xA;&#xA;Avrah kahdabra, «yo creo como hablo». La palabra se hace realidad: la pena te abruma e inunda tus ojos de lágrimas, la risa descontrolada te deja sin resuello, la intriga te deja sin respiración. De nuevo eres uno más de una tribu, protegido del frío por una gran hoguera y simplemente escuchando. Y sales purificado y revitalizado.&#xA;&#xA;El cuento no es solo un cuento. El cuento es genuinamente humano y humanizador. El cuento te hace vivir tu vida dentro de la de otros, te hace vivir esos pequeños instantes de magia que necesitamos en nuestra vida.&#xA;&#xA;Magia, sí, magia, aquella que este sistema inhumano y deshumanizador nos quita día a día, encerrados en oficinas, rodeados de ordenadores, con luz artificial, con aire reciclado, saliendo de casa apenas amanece y llegando mientras cae la noche. El cuento es un punto de apoyo inmemorial para no perder el sentido y caer en el sinsentido, aunque la vida está para vivirla.&#xA;&#xA;El ser humano, en lo más profundo de su alma, aún anhela la tribu, volver a la tribu, cada vez más una tribu de todos y para todos, compartiendo viajes a través de enormes desiertos, selvas impenetrables, descansando junto a mares, ríos, lagos, sin importar la etnia, color, género o edad. Viajes sin absurdas fronteras, líneas gruesas sobre mapas que, al fin y al cabo, son solo proyecciones de la realidad. Proyecciones que algunos, en algún momento, crearon para no perder el control sobre algo incontrolable. Aquellos que, cuando el cuentacuentos alzaba sus manos para pedir silencio, murmuraban entre sí y se alejaban a la seguridad de su choza, con sus enseres perfectamente ordenados, clasificados y fáciles de manejar.&#xA;&#xA;Deja que te cuenten y, si puedes, cuenta a los demás.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en enero de 2015</em></p>

<p>En las antiguas tribus, en los pequeños asentamientos, antes, mucho antes del nacimiento de las antiguas civilizaciones, los habitantes del lugar, en noches señaladas o momentos de ocio y relax, se sentaban en círculos alrededor del fuego, hipnotizados por una voz, una voz que les hablaba de llanuras lejanas, de cimas inalcanzables, de hazañas de sus padres y de sus abuelos, y de los abuelos de estos. Cuando el cuentacuentos hablaba, el mundo se paraba y el ser humano escuchaba.

El cuentacuentos, a menudo vestido de manera especial para la ocasión, poseía el poder de la palabra, y con ese poder sanaba a los que escuchaban de una manera especial y única. El cuentacuentos era el encargado de la <em>kátharsis</em> (purificación) del grupo; mediante sus historias, basadas en arquetipos universales comunes a la humanidad —la chamana, el chamán, el mago, la maga, la reina, el rey, el héroe, la heroína, el sabio, la pitonisa…—, limpiaba a sus iguales de sus nudos emocionales, psicofísicos y espirituales.</p>

<p>Cuando escuchas un cuento —los bebés, cuentos para bebés; los niños, cuentos para niños; los adultos, cuentos para adultos—, te haces uno con el resto de la tribu, tus iguales, que comparten contigo esa palabra que masajea lo más profundo de tu psique y tu emoción.</p>

<p><em>Avrah kahdabra</em>, «yo creo como hablo». La palabra se hace realidad: la pena te abruma e inunda tus ojos de lágrimas, la risa descontrolada te deja sin resuello, la intriga te deja sin respiración. De nuevo eres uno más de una tribu, protegido del frío por una gran hoguera y simplemente escuchando. Y sales purificado y revitalizado.</p>

<p>El cuento no es solo un cuento. El cuento es genuinamente humano y humanizador. El cuento te hace vivir tu vida dentro de la de otros, te hace vivir esos pequeños instantes de magia que necesitamos en nuestra vida.</p>

<p>Magia, sí, magia, aquella que este sistema inhumano y deshumanizador nos quita día a día, encerrados en oficinas, rodeados de ordenadores, con luz artificial, con aire reciclado, saliendo de casa apenas amanece y llegando mientras cae la noche. El cuento es un punto de apoyo inmemorial para no perder el sentido y caer en el sinsentido, aunque la vida está para vivirla.</p>

<p>El ser humano, en lo más profundo de su alma, aún anhela la tribu, volver a la tribu, cada vez más una tribu de todos y para todos, compartiendo viajes a través de enormes desiertos, selvas impenetrables, descansando junto a mares, ríos, lagos, sin importar la etnia, color, género o edad. Viajes sin absurdas fronteras, líneas gruesas sobre mapas que, al fin y al cabo, son solo proyecciones de la realidad. Proyecciones que algunos, en algún momento, crearon para no perder el control sobre algo incontrolable. Aquellos que, cuando el cuentacuentos alzaba sus manos para pedir silencio, murmuraban entre sí y se alejaban a la seguridad de su choza, con sus enseres perfectamente ordenados, clasificados y fáciles de manejar.</p>

<p>Deja que te cuenten y, si puedes, cuenta a los demás.</p>

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]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/deja-que-te-cuenten</guid>
      <pubDate>Fri, 07 Mar 2025 10:06:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Il dolce far niente</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/il-dolce-far-niente</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en marzo de 2008&#xA;&#xA;Pasado el bochorno empalagoso e insoportable de las horas centrales de los largos días de agosto, me gustaba subir lentamente, saboreando cada paso, al pequeño banquito de madera que algún obrero mañoso había montado bajo el viejo cerezo en la cima del pueblo.&#xA;&#xA;Y entonces me sentaba, cuando el sol empezaba a teñir de dorados y anaranjados los lejanos picos de la sierra, viendo cómo la sinfonía de colores, olores y sonidos a mi alrededor iba cesando lenta, muy lentamente. Todo se oscurece poco a poco, un intenso azul noche aflora de las cimas y el frío, escondido hasta pocos minutos antes, empieza a vencer su timidez mientras el sol ofrece un respiro a la reseca tierra.&#xA;&#xA;No hago nada, solo observo, el todo me inunda, y contemplo la maravilla del universo desde mi rústico asiento.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en marzo de 2008</em></p>

<p>Pasado el bochorno empalagoso e insoportable de las horas centrales de los largos días de agosto, me gustaba subir lentamente, saboreando cada paso, al pequeño banquito de madera que algún obrero mañoso había montado bajo el viejo cerezo en la cima del pueblo.</p>

<p>Y entonces me sentaba, cuando el sol empezaba a teñir de dorados y anaranjados los lejanos picos de la sierra, viendo cómo la sinfonía de colores, olores y sonidos a mi alrededor iba cesando lenta, muy lentamente. Todo se oscurece poco a poco, un intenso azul noche aflora de las cimas y el frío, escondido hasta pocos minutos antes, empieza a vencer su timidez mientras el sol ofrece un respiro a la reseca tierra.</p>

<p>No hago nada, solo observo, el todo me inunda, y contemplo la maravilla del universo desde mi rústico asiento.</p>

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</div>
]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/il-dolce-far-niente</guid>
      <pubDate>Tue, 04 Mar 2025 05:44:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>La colina de la luna</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/la-colina-de-la-luna</link>
      <description>&lt;![CDATA[Y subieron juntos la colina de la luna,&#xA;    cogidos de la mano&#xA;    en fervoroso silencio.&#xA;&#xA;En la cima,&#xA;    se sentaron junto al tronco del viejo cerezo,&#xA;    sus espaldas contra la callosa corteza,&#xA;    cerraron los ojos&#xA;    y suspiraron.&#xA;&#xA;El frío gélido de la noche les acogió en sus brazos&#xA;mientras miraban la luna,&#xA;    blanca,&#xA;    majestuosa,&#xA;    redonda,&#xA;&#xA;preguntándose por qué no habían subido antes&#xA;    a la colina de la luna,&#xA;    juntos,&#xA;    cogidos de la mano,&#xA;    en fervoroso silencio.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Y subieron juntos la colina de la luna,
    cogidos de la mano
    en fervoroso silencio.</p>

<p>En la cima,
    se sentaron junto al tronco del viejo cerezo,
    sus espaldas contra la callosa corteza,
    cerraron los ojos
    y suspiraron.</p>

<p>El frío gélido de la noche les acogió en sus brazos
mientras miraban la luna,
    blanca,
    majestuosa,
    redonda,</p>

<p>preguntándose por qué no habían subido antes
    a la colina de la luna,
    juntos,
    cogidos de la mano,
    en fervoroso silencio.</p>

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</div>
]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/la-colina-de-la-luna</guid>
      <pubDate>Tue, 25 Feb 2025 06:21:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Juntos</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/juntos</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en diciembre de 2009&#xA;&#xA;Frecuentemente se tumbaba bajo el viejo árbol. Extendía sus manos abiertas delante de la cara y jugaba a atrapar los rayos de sol entre los dedos, abriéndolos y cerrándolos lentamente. Nunca fue consciente de que el árbol, observándolo, movía sus ramas lentamente, jugando con la luz del sol que iluminaba sus manos extendidas.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en diciembre de 2009</em></p>

<p>Frecuentemente se tumbaba bajo el viejo árbol. Extendía sus manos abiertas delante de la cara y jugaba a atrapar los rayos de sol entre los dedos, abriéndolos y cerrándolos lentamente. Nunca fue consciente de que el árbol, observándolo, movía sus ramas lentamente, jugando con la luz del sol que iluminaba sus manos extendidas.</p>

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</div>
]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/juntos</guid>
      <pubDate>Tue, 25 Feb 2025 05:58:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>La gran comitiva</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/la-gran-comitiva</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en mayo de 2015&#xA;&#xA;Fernando esperaba, sonriente y feliz, en su lugar asignado oficialmente para contemplar la salida del enorme edificio presidencial de la gran comitiva, apretando en su pequeña mano de 15 años de edad el documento oficial que indicaba que le correspondía el número 201.984 en la cola. No era un lugar especialmente cercano, pero si se ponía de puntillas podía ver parte del tejado. La gran comitiva saldría por la puerta de carruajes, escoltada por los fabulosos caballos blancos de la guardia y los negros coches blindados de la escolta.&#xA;!--more--&#xA;En ese momento, los altavoces instalados en la carretera dieron el número oficial de personas que habían acudido al histórico momento: 1.348.921.&#xA;&#xA;Aquel era un acontecimiento muy importante; el presidente en persona había pedido, en largos discursos en todas las televisiones, que todo el que pudiera asistiera. Incluso se había declarado el día como festivo nacional para que no hubiera inconvenientes. Se habían impreso y buzoneado cientos de miles de folletos a todo color, con grandes fotos de hombres y mujeres sonrientes, con sus trajes impecables dando la mano, besando en las mejillas y cogiendo a bebés en brazos.&#xA;&#xA;Entonces, todo empezó a organizarse: se limpió la carretera con grandes camiones echando agua a presión; sonrientes funcionarios pedían a la gente menos afortunada que vivía en las calles aledañas que les acompañaran a los limpios y remodelados albergues —aunque no había dado tiempo a instalar los sistemas de calefacción, tenían grandes pilas de mantas a su disposición, algunas de ellas recién compradas—. No era digno, ni pulcro, que aquellos importantes dignatarios llegados de todo el continente vieran aquellas cosas. Además, se habían colgado estratégicamente carteles de bienvenida en toda clase de idiomas.&#xA;&#xA;Los barrios también empezaron a organizarse, con el beneplácito institucional, que durante un par de meses relajó las exigencias para poder estar en la calle a ciertas horas y más de un cierto número de personas a la vez, y se celebraron los Comités Barriales de Recepción. Durante tres horas, todos los martes y jueves empezaban en la plaza más grande del barrio las asambleas a las 9 de la noche, y los sábados por la mañana a las 11 en punto, los delegados barriales de recepción ponían todo lo hablado en común en la amplia Plaza Mayor de la capital para coordinar todo para el gran día.&#xA;&#xA;La gran comitiva venía a salvar al país. Si bien los últimos años habían sido difíciles —habían vivido por encima de sus posibilidades y tenían que devolver el dinero que les habían prestado otros países—, las cosas iban a cambiar después de esta importante reunión en la sede del gobierno.&#xA;&#xA;Los padres y madres preparaban la ropa que se pondrían ellos y sus hijos, recién planchada y bien colgada en el perchero, y ese mismo día por la mañana todo habían sido sonrisas y guiños cómplices en las casas, exhaustos por los largos preparativos.&#xA;&#xA;El viaje hasta el lugar asignado había sido fácil. Los barrios habían pedido al gobierno una flota de autobuses —para eso pagaban sus impuestos, habían dicho con toda la razón— y habían pedido a los conductores que aparcaran en las plazas más amplias y accesibles, para que todo el mundo pudiera llegar a tiempo sin grandes incordios.&#xA;&#xA;El gran momento histórico de Fernando se acercaba. Oía a los potentes coches rugiendo, acercándose lentamente; contemplaban sin duda lo que estaba sucediendo, seguramente impresionados.&#xA;&#xA;Cuando el primer caballo de la orgullosa guardia pasó frente a él, Fernando, digno, consciente y orgulloso, le dio la espalda, al igual que estaban haciendo las restantes 1.348.920 personas que estaban junto a él en una enorme, gigantesca, ola de indignación y compromiso.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en mayo de 2015</em></p>

<p>Fernando esperaba, sonriente y feliz, en su lugar asignado oficialmente para contemplar la salida del enorme edificio presidencial de la gran comitiva, apretando en su pequeña mano de 15 años de edad el documento oficial que indicaba que le correspondía el número 201.984 en la cola. No era un lugar especialmente cercano, pero si se ponía de puntillas podía ver parte del tejado. La gran comitiva saldría por la puerta de carruajes, escoltada por los fabulosos caballos blancos de la guardia y los negros coches blindados de la escolta.

En ese momento, los altavoces instalados en la carretera dieron el número oficial de personas que habían acudido al histórico momento: 1.348.921.</p>

<p>Aquel era un acontecimiento muy importante; el presidente en persona había pedido, en largos discursos en todas las televisiones, que todo el que pudiera asistiera. Incluso se había declarado el día como festivo nacional para que no hubiera inconvenientes. Se habían impreso y buzoneado cientos de miles de folletos a todo color, con grandes fotos de hombres y mujeres sonrientes, con sus trajes impecables dando la mano, besando en las mejillas y cogiendo a bebés en brazos.</p>

<p>Entonces, todo empezó a organizarse: se limpió la carretera con grandes camiones echando agua a presión; sonrientes funcionarios pedían a la gente menos afortunada que vivía en las calles aledañas que les acompañaran a los limpios y remodelados albergues —aunque no había dado tiempo a instalar los sistemas de calefacción, tenían grandes pilas de mantas a su disposición, algunas de ellas recién compradas—. No era digno, ni pulcro, que aquellos importantes dignatarios llegados de todo el continente vieran aquellas cosas. Además, se habían colgado estratégicamente carteles de bienvenida en toda clase de idiomas.</p>

<p>Los barrios también empezaron a organizarse, con el beneplácito institucional, que durante un par de meses relajó las exigencias para poder estar en la calle a ciertas horas y más de un cierto número de personas a la vez, y se celebraron los Comités Barriales de Recepción. Durante tres horas, todos los martes y jueves empezaban en la plaza más grande del barrio las asambleas a las 9 de la noche, y los sábados por la mañana a las 11 en punto, los delegados barriales de recepción ponían todo lo hablado en común en la amplia Plaza Mayor de la capital para coordinar todo para el gran día.</p>

<p>La gran comitiva venía a salvar al país. Si bien los últimos años habían sido difíciles —habían vivido por encima de sus posibilidades y tenían que devolver el dinero que les habían prestado otros países—, las cosas iban a cambiar después de esta importante reunión en la sede del gobierno.</p>

<p>Los padres y madres preparaban la ropa que se pondrían ellos y sus hijos, recién planchada y bien colgada en el perchero, y ese mismo día por la mañana todo habían sido sonrisas y guiños cómplices en las casas, exhaustos por los largos preparativos.</p>

<p>El viaje hasta el lugar asignado había sido fácil. Los barrios habían pedido al gobierno una flota de autobuses —para eso pagaban sus impuestos, habían dicho con toda la razón— y habían pedido a los conductores que aparcaran en las plazas más amplias y accesibles, para que todo el mundo pudiera llegar a tiempo sin grandes incordios.</p>

<p>El gran momento histórico de Fernando se acercaba. Oía a los potentes coches rugiendo, acercándose lentamente; contemplaban sin duda lo que estaba sucediendo, seguramente impresionados.</p>

<p>Cuando el primer caballo de la orgullosa guardia pasó frente a él, Fernando, digno, consciente y orgulloso, le dio la espalda, al igual que estaban haciendo las restantes 1.348.920 personas que estaban junto a él en una enorme, gigantesca, ola de indignación y compromiso.</p>

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</div>
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      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/la-gran-comitiva</guid>
      <pubDate>Mon, 24 Feb 2025 13:53:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Déjà vécu</title>
      <link>https://escritura.social/imigueldiaz/deja-vecu</link>
      <description>&lt;![CDATA[Publicado originalmente en noviembre de 2015&#xA;&#xA;  «Quién lo diría, los débiles de veras nunca se rinden».&#xA;    MARIO BENEDETTI&#xA;&#xA;Como todas las mañanas, Alexej se viste con su impecable uniforme azul oscuro, su gorra del mismo color sobre sus cabellos pulcramente cortados a máquina y conduce hasta la estación de tren. Como todas las mañanas, se acerca a la moderna oficina de campaña a recibir las instrucciones de su capitán, y como todas las mañanas, él y los otros treinta y cuatro policías —hombres y mujeres del destacamento especial—, recogen su grueso rotulador indeleble y se ponen en fila, intentando transmitir una imagen lo más relajada posible, junto a la vía número 4.&#xA;!--more--&#xA;Al fin llegan: el tren repleto de gente, muy sobrepasada su capacidad normativa, para lentamente, y con un gran chasquido hidráulico abre sus puertas.&#xA;&#xA;Cansadas, doloridas, enfermas, febriles. Mujeres, niñas, niños, ancianos, hombres, bajan lentamente, intentando no causar problemas a nadie e intentando que les entiendan. Algunos hablando inglés (algunos mejor que el propio Alexej) y otros en su lengua nativa, por señas, o con una sonrisa tímida y suplicante.&#xA;&#xA;Alexej no atiende a nada de esto, tiene sus órdenes. Destapando el rotulador, comienza a pedir a la gente que le muestren sus muñecas. &#xA;&#xA;«Wrist!, wrist!», intenta hacerse entender enseñando la suya propia, y cuando los ojos asustados y somnolientos, el entrecejo levemente fruncido intentando comprenderle le indican una y otra vez que no lo ha conseguido, lo intenta en la única palabra en árabe con fuerte acento eslavo que ha conseguido aprender estos días: «me&#39;sam», «me&#39;sam», y su interlocutor se la entrega, dejándose hacer. &#xA;&#xA;«1359», escribe en la primera muñeca, una niña de ojos febriles que mira a su madre interrogativa. «1360», su madre silenciosa. «1361», el agotado padre que transporta al hombro las pocas posesiones que les quedaban.&#xA;&#xA;Alexej tiene que concentrar cada fibra de su ser en estar calmado, con respiraciones pausadas y profundas; intenta no escuchar la mezcolanza de voces y sonidos a su alrededor, intenta no mirar la desesperación, la tristeza y la enfermedad que inundan la gran estación. Mirando hacia abajo, se concentra simplemente en conseguir muñecas.&#xA;&#xA;«1375», un estudiante universitario que venía solo, «family dead» no deja de repetirle. «1376», un hombre de mediana edad y fuertes brazos. «1377», su mujer, alta y musculada con un pañuelo verde oscuro en la cabeza...&#xA;&#xA;Muñecas de todos los tamaños y todos los tonos, sujeta muñecas suaves y doradas, muñecas anchas como su puño unidas a manos encallecidas por el trabajo, muñecas infantiles que sostiene con solo dos dedos de la mano. Muñecas que son, al fin y al cabo, un reflejo de la suya propia.&#xA;&#xA;Una nueva muñeca, de piel tan fina que las venas azuladas se ven debajo con claridad. La mano de huesos largos y delgados, con tan poca carne que Alexej teme romperla, y un antebrazo desnudo...&#xA;&#xA;Alexej se sobrecoge, y se hace el silencio. Algo se rompe en su interior; nada, no queda nada alrededor, solo él y la muñeca que sostiene seguida por aquel antebrazo y la cara silenciosa, pensativa y de mirada profunda de aquella anciana de pelo blanco. «Mensch bleiben», dice ella con voz amable, comprensiva —Sé humano, mantén tu humanidad.&#xA;&#xA;Alexej lo hace. Con una leve sonrisa y un guiño cómplice, suelta la muñeca, levanta la mirada, atiende a los que le rodean por primera vez en mucho tiempo, y con firmes y decididos pasos se acerca a la cafetería de la estación calculando mentalmente la comida que puede comprar con sus pocos ahorros para tanta gente, dejando paso libre a aquella anciana superviviente de Auschwitz.&#xA;&#xA;hr&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;h4 id=&#34;gracias-por-leerme&#34;¡Gracias por leerme!/h4&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;div class=&#34;footer-compact&#34;&#xD;&#xA;pSi te ha gustado este texto y quieres estar al día de mis publicaciones, puedes:/p&#xD;&#xA;ul&#xD;&#xA;liSeguirme en Mastodon: a href=&#34;https://escritura.social/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@escritura.social/a/li&#xD;&#xA;liSuscribirte a mi RSS: a href=&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed/&#34; rel=&#34;nofollow&#34;https://escritura.social/imigueldiaz/feed//a/li&#xD;&#xA;/ul&#xD;&#xA;p¿Tienes alguna sugerencia o comentario? ¡Me encantaría leerte! Puedes contactarme en mi cuenta personal: a href=&#34;https://masto.es/@imigueldiaz&#34; rel=&#34;nofollow&#34;@imigueldiaz@masto.es/a/p&#xD;&#xA;/div]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado originalmente en noviembre de 2015</em></p>

<blockquote><p>«Quién lo diría, los débiles de veras nunca se rinden».</p>

<p>MARIO BENEDETTI</p></blockquote>

<p>Como todas las mañanas, Alexej se viste con su impecable uniforme azul oscuro, su gorra del mismo color sobre sus cabellos pulcramente cortados a máquina y conduce hasta la estación de tren. Como todas las mañanas, se acerca a la moderna oficina de campaña a recibir las instrucciones de su capitán, y como todas las mañanas, él y los otros treinta y cuatro policías —hombres y mujeres del destacamento especial—, recogen su grueso rotulador indeleble y se ponen en fila, intentando transmitir una imagen lo más relajada posible, junto a la vía número 4.

Al fin llegan: el tren repleto de gente, muy sobrepasada su capacidad normativa, para lentamente, y con un gran chasquido hidráulico abre sus puertas.</p>

<p>Cansadas, doloridas, enfermas, febriles. Mujeres, niñas, niños, ancianos, hombres, bajan lentamente, intentando no causar problemas a nadie e intentando que les entiendan. Algunos hablando inglés (algunos mejor que el propio Alexej) y otros en su lengua nativa, por señas, o con una sonrisa tímida y suplicante.</p>

<p>Alexej no atiende a nada de esto, tiene sus órdenes. Destapando el rotulador, comienza a pedir a la gente que le muestren sus muñecas.</p>

<p>«<em>Wrist</em>!, <em>wrist</em>!», intenta hacerse entender enseñando la suya propia, y cuando los ojos asustados y somnolientos, el entrecejo levemente fruncido intentando comprenderle le indican una y otra vez que no lo ha conseguido, lo intenta en la única palabra en árabe con fuerte acento eslavo que ha conseguido aprender estos días: «<em>me&#39;sam</em>», «<em>me&#39;sam</em>», y su interlocutor se la entrega, dejándose hacer.</p>

<p>«1359», escribe en la primera muñeca, una niña de ojos febriles que mira a su madre interrogativa. «1360», su madre silenciosa. «1361», el agotado padre que transporta al hombro las pocas posesiones que les quedaban.</p>

<p>Alexej tiene que concentrar cada fibra de su ser en estar calmado, con respiraciones pausadas y profundas; intenta no escuchar la mezcolanza de voces y sonidos a su alrededor, intenta no mirar la desesperación, la tristeza y la enfermedad que inundan la gran estación. Mirando hacia abajo, se concentra simplemente en conseguir muñecas.</p>

<p>«1375», un estudiante universitario que venía solo, «<em>family dead</em>» no deja de repetirle. «1376», un hombre de mediana edad y fuertes brazos. «1377», su mujer, alta y musculada con un pañuelo verde oscuro en la cabeza...</p>

<p>Muñecas de todos los tamaños y todos los tonos, sujeta muñecas suaves y doradas, muñecas anchas como su puño unidas a manos encallecidas por el trabajo, muñecas infantiles que sostiene con solo dos dedos de la mano. Muñecas que son, al fin y al cabo, un reflejo de la suya propia.</p>

<p>Una nueva muñeca, de piel tan fina que las venas azuladas se ven debajo con claridad. La mano de huesos largos y delgados, con tan poca carne que Alexej teme romperla, y un antebrazo desnudo...</p>

<p>Alexej se sobrecoge, y se hace el silencio. Algo se rompe en su interior; nada, no queda nada alrededor, solo él y la muñeca que sostiene seguida por aquel antebrazo y la cara silenciosa, pensativa y de mirada profunda de aquella anciana de pelo blanco. «<em>Mensch bleiben</em>», dice ella con voz amable, comprensiva —Sé humano, mantén tu humanidad.</p>

<p>Alexej lo hace. Con una leve sonrisa y un guiño cómplice, suelta la muñeca, levanta la mirada, atiende a los que le rodean por primera vez en mucho tiempo, y con firmes y decididos pasos se acerca a la cafetería de la estación calculando mentalmente la comida que puede comprar con sus pocos ahorros para tanta gente, dejando paso libre a aquella anciana superviviente de Auschwitz.</p>

<hr>

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      <guid>https://escritura.social/imigueldiaz/deja-vecu</guid>
      <pubDate>Wed, 19 Feb 2025 06:00:03 +0000</pubDate>
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