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    <title>relatos &amp;mdash; Los relatos de Ibnussabel</title>
    <link>https://escritura.social/ibnussabel/tag:relatos</link>
    <description>Un rincón para compartir mis creaciones literarias.</description>
    <pubDate>Sun, 27 Sep 2026 15:42:55 +0000</pubDate>
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      <title>Forasteros</title>
      <link>https://escritura.social/ibnussabel/forasteros</link>
      <description>&lt;![CDATA[16 de abril&#xA;&#xA;Hoy he visto a cuatro forasteros. Parecían una familia, pero no creo que lo fueran. No una familia al uso, en todo caso. Paseaban por la calle ajardinada donde los niños juegan y los vecinos sacan a los perros a hacer sus necesidades. Caminaban con una parsimonia impropia en unos forasteros, como si tuvieran todo el derecho del mundo a ocupar nuestro espacio.&#xA;&#xA;El hombre andaba despistado. Deambulaba mirando las copas de los árboles, los pájaros. A veces se paraba a oler el aire. Era bajo y calvo, con un semblante de falsa afabilidad. Como si fuera una máscara. Algo en su aspecto delataba cierto apetito por el dolor ajeno.&#xA;&#xA;La mujer era robusta. Se veía más joven que su presunta pareja y tenía el pelo oscuro, largo y ondulado. Parecía irascible. A punto de estallar en cualquier momento. No disfrutaba del paseo, más bien lo soportaba. Quizá notase que no debería estar aquí y que no era bienvenida. Ella era la pastora de ese rebaño humano, la que vigilaba que todos estuvieran en su sitio y ninguno abandonase su papel.&#xA;&#xA;Se diría que las hijas tenían más o menos la misma edad, incluso podrían ser gemelas. Sin embargo, no se parecían ni entre ellas ni a ninguno de sus supuestos progenitores. No creo que sean una familia. Una de ellas daba la sensación de estar drogada. Andaba con la cabeza en las nubes y se ha abrazado a un árbol. No he querido mirar más, quizá incluso le daba besos. Probablemente se trate de una secta.&#xA;&#xA;La otra hija. Vaya, no recuerdo nada de la otra hija. Solo que no encajaba en el todo. Ninguno de los cuatro lo hacía. Lo único que tenían en común era lo fuera de lugar que se les veía. Como llegados de otra época.&#xA;&#xA;Como siempre, nadie me quiere hacer caso. Que qué mal han hecho. Que qué más da que sean forasteros, que la calle es libre y cualquiera puede pasear por ella. Debo de ser el único al que le importa la seguridad y la convivencia. A los demás les da todo igual. Puede implantarse una secta en sus narices y todo lo que harán serán cuatro aspavientos cuando haya una desgracia y todos los medios hablen de nuestro pueblo.&#xA;&#xA;25 de mayo&#xA;&#xA;He vuelto a ver al hombre. Ha pasado más de un mes, pero es inconfundible. El tipo bajo y calvo que tanto podría tener cincuenta años como setenta. Estaba sentado en un banco, a escasos metros de donde les vi la primera vez. Hoy estaba solo. Ni rastro de su “familia”.&#xA;&#xA;Estaba sentado en un banco sin hacer absolutamente nada. Tenía las piernas ligeramente separadas y las manos sobre el regazo. Miraba aquí y allá, a nada en concreto. En un momento dado, ha girado la cabeza, me ha mirado fijamente y me ha dedicado la sonrisa más aterradora que haya visto jamás. Una sonrisa de psicópata.&#xA;&#xA;Mi mujer dice que son imaginaciones mías, que me habrá sonreído por cortesía, pero ella no ha visto sus ojos. Su mirada transmitía con una nitidez cristalina que quería hacerme daño. Temo por mi vida.&#xA;&#xA;13 de agosto&#xA;&#xA;No he vuelto a ver a ninguno de ellos. He hablado con varios vecinos y nadie ha visto nada fuera de lo común. Quizá no se tratase de ninguna secta después de todo.&#xA;&#xA;28 de octubre&#xA;&#xA;Tenía razón. Nadie me hizo caso, pero tenía razón. Los forasteros han regresado.&#xA;&#xA;Hoy he vuelto a ver a los cuatro. Me he fijado en que el hombre siempre lleva la misma ropa, o ropa muy parecida. Pantalones de pinzas color crema, camisa y jersey morado. Hoy, además, llevaba una chaqueta marrón y una boina.&#xA;&#xA;Tanto el hombre como las chicas paseaban distraídos, mientras la mujer les vigilaba concentrada. Mientras el hombre luce tranquilo y despreocupado, la mujer se ve tensa y atenta en todo momento. En lo que coinciden es en ese aura de maldad que les rodea. Me pregunto de qué serán capaces.&#xA;&#xA;Las hijas, en cambio, parecen ajenas a este mundo. Deben de haber alcanzado ya la mayoría de edad, pero tienen andares de niñas pequeñas. Una ha vuelto a abrazar un árbol y se ha quedado absorta con cara de felicidad. La otra miraba los columpios con deleite, como si quisiera montarse en ellos pero no estuviese segura de si debía.&#xA;&#xA;Se lo he contado a mi mujer y ha montado en cólera. Que ya está bien de fantasías. Que quizá son vecinos nuevos. A lo mejor viven en otra parte del pueblo y les gusta venir paseando hasta esa zona ajardinada. O quizá están visitando a algún pariente. Dice que tengo que dejar ya de obsesionarme con esta gente, que viva y deje vivir. Que no han dado ningún motivo para desconfiar y que me dejo arrastrar por mi paranoia. Y, sobre todo, que ni se me ocurra mencionárselo a mi hijo, que bastante tiene ya para preocuparse por las tonterías de su padre.&#xA;&#xA;Puede que tenga razón, pero en el fondo sé que no.&#xA;&#xA;1 de noviembre&#xA;&#xA;Ojalá alguien me hubiera hecho caso.&#xA;&#xA;Ha pasado algo terrible. Esta mañana han aparecido los cadáveres de las dos chicas forasteras en el árbol al que se abrazaba una de ellas. La que ansiaba montarse en los columpios pendía ahorcada de una rama. La otra yacía enfrente de su hermana dividida en seis partes: dos brazos, dos piernas, un torso y una cabeza.&#xA;&#xA;Alrededor del árbol, habían trazado un círculo con velas y, dentro del círculo, además de los dos cadáveres, había frutas, flores y aves muertas.&#xA;&#xA;Que descansen en paz las almas inocentes que podría haber salvado.&#xA;&#xA;5 de noviembre&#xA;&#xA;Seguimos conmocionados. Tras el horrible suceso hemos descubierto quiénes eran los forasteros. Debería haber acudido a las autoridades en cuanto les vi, aunque seguramente me habrían mandado callar como a los tontos. Una vez perpetrado el doble asesinato, todo el mundo se interesa por lo que tengo que decir. Al fin y al cabo, me he pasado meses pendiente de ese grupo de indeseables.&#xA;&#xA;Las dos chicas fallecidas no tenían ningún lazo familiar entre ellas ni con sus verdugos, como ya me había imaginado. Eran chicas que habían desaparecido de sus casas el año anterior. Una era de Alicante y la otra de Ciudad Real. Nadie había relacionado sus desapariciones porque no había ninguna relación entre ellas.&#xA;&#xA;El hombre acumulaba una serie de denuncias en distintas poblaciones españolas. Había sido profesor universitario de lengua y literatura inglesa, pero hacía años que había abandonado la docencia y nadie sabía de qué vivía.&#xA;&#xA;La mujer trabajaba desde casa. Fue una conmoción para todos sus conocidos descubrir que estaba implicada en este crimen atroz.&#xA;&#xA;12 de diciembre&#xA;&#xA;Ni rastro del hombre y la mujer. Las autoridades siguen buscándolos, pero parece que se les ha tragado la tierra. Espero que a nadie se le ocurra nunca buscar en mi jardín.&#xA;&#xA;#relatos #terror ]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<h2 id="16-de-abril">16 de abril</h2>

<p>Hoy he visto a cuatro forasteros. Parecían una familia, pero no creo que lo fueran. No una familia al uso, en todo caso. Paseaban por la calle ajardinada donde los niños juegan y los vecinos sacan a los perros a hacer sus necesidades. Caminaban con una parsimonia impropia en unos forasteros, como si tuvieran todo el derecho del mundo a ocupar nuestro espacio.</p>

<p>El hombre andaba despistado. Deambulaba mirando las copas de los árboles, los pájaros. A veces se paraba a oler el aire. Era bajo y calvo, con un semblante de falsa afabilidad. Como si fuera una máscara. Algo en su aspecto delataba cierto apetito por el dolor ajeno.</p>

<p>La mujer era robusta. Se veía más joven que su presunta pareja y tenía el pelo oscuro, largo y ondulado. Parecía irascible. A punto de estallar en cualquier momento. No disfrutaba del paseo, más bien lo soportaba. Quizá notase que no debería estar aquí y que no era bienvenida. Ella era la pastora de ese rebaño humano, la que vigilaba que todos estuvieran en su sitio y ninguno abandonase su papel.</p>

<p>Se diría que las hijas tenían más o menos la misma edad, incluso podrían ser gemelas. Sin embargo, no se parecían ni entre ellas ni a ninguno de sus supuestos progenitores. No creo que sean una familia. Una de ellas daba la sensación de estar drogada. Andaba con la cabeza en las nubes y se ha abrazado a un árbol. No he querido mirar más, quizá incluso le daba besos. Probablemente se trate de una secta.</p>

<p>La otra hija. Vaya, no recuerdo nada de la otra hija. Solo que no encajaba en el todo. Ninguno de los cuatro lo hacía. Lo único que tenían en común era lo fuera de lugar que se les veía. Como llegados de otra época.</p>

<p>Como siempre, nadie me quiere hacer caso. Que qué mal han hecho. Que qué más da que sean forasteros, que la calle es libre y cualquiera puede pasear por ella. Debo de ser el único al que le importa la seguridad y la convivencia. A los demás les da todo igual. Puede implantarse una secta en sus narices y todo lo que harán serán cuatro aspavientos cuando haya una desgracia y todos los medios hablen de nuestro pueblo.</p>

<h2 id="25-de-mayo">25 de mayo</h2>

<p>He vuelto a ver al hombre. Ha pasado más de un mes, pero es inconfundible. El tipo bajo y calvo que tanto podría tener cincuenta años como setenta. Estaba sentado en un banco, a escasos metros de donde les vi la primera vez. Hoy estaba solo. Ni rastro de su “familia”.</p>

<p>Estaba sentado en un banco sin hacer absolutamente nada. Tenía las piernas ligeramente separadas y las manos sobre el regazo. Miraba aquí y allá, a nada en concreto. En un momento dado, ha girado la cabeza, me ha mirado fijamente y me ha dedicado la sonrisa más aterradora que haya visto jamás. Una sonrisa de psicópata.</p>

<p>Mi mujer dice que son imaginaciones mías, que me habrá sonreído por cortesía, pero ella no ha visto sus ojos. Su mirada transmitía con una nitidez cristalina que quería hacerme daño. Temo por mi vida.</p>

<h2 id="13-de-agosto">13 de agosto</h2>

<p>No he vuelto a ver a ninguno de ellos. He hablado con varios vecinos y nadie ha visto nada fuera de lo común. Quizá no se tratase de ninguna secta después de todo.</p>

<h2 id="28-de-octubre">28 de octubre</h2>

<p>Tenía razón. Nadie me hizo caso, pero tenía razón. Los forasteros han regresado.</p>

<p>Hoy he vuelto a ver a los cuatro. Me he fijado en que el hombre siempre lleva la misma ropa, o ropa muy parecida. Pantalones de pinzas color crema, camisa y jersey morado. Hoy, además, llevaba una chaqueta marrón y una boina.</p>

<p>Tanto el hombre como las chicas paseaban distraídos, mientras la mujer les vigilaba concentrada. Mientras el hombre luce tranquilo y despreocupado, la mujer se ve tensa y atenta en todo momento. En lo que coinciden es en ese aura de maldad que les rodea. Me pregunto de qué serán capaces.</p>

<p>Las hijas, en cambio, parecen ajenas a este mundo. Deben de haber alcanzado ya la mayoría de edad, pero tienen andares de niñas pequeñas. Una ha vuelto a abrazar un árbol y se ha quedado absorta con cara de felicidad. La otra miraba los columpios con deleite, como si quisiera montarse en ellos pero no estuviese segura de si debía.</p>

<p>Se lo he contado a mi mujer y ha montado en cólera. Que ya está bien de fantasías. Que quizá son vecinos nuevos. A lo mejor viven en otra parte del pueblo y les gusta venir paseando hasta esa zona ajardinada. O quizá están visitando a algún pariente. Dice que tengo que dejar ya de obsesionarme con esta gente, que viva y deje vivir. Que no han dado ningún motivo para desconfiar y que me dejo arrastrar por mi paranoia. Y, sobre todo, que ni se me ocurra mencionárselo a mi hijo, que bastante tiene ya para preocuparse por las tonterías de su padre.</p>

<p>Puede que tenga razón, pero en el fondo sé que no.</p>

<h2 id="1-de-noviembre">1 de noviembre</h2>

<p>Ojalá alguien me hubiera hecho caso.</p>

<p>Ha pasado algo terrible. Esta mañana han aparecido los cadáveres de las dos chicas forasteras en el árbol al que se abrazaba una de ellas. La que ansiaba montarse en los columpios pendía ahorcada de una rama. La otra yacía enfrente de su hermana dividida en seis partes: dos brazos, dos piernas, un torso y una cabeza.</p>

<p>Alrededor del árbol, habían trazado un círculo con velas y, dentro del círculo, además de los dos cadáveres, había frutas, flores y aves muertas.</p>

<p>Que descansen en paz las almas inocentes que podría haber salvado.</p>

<h2 id="5-de-noviembre">5 de noviembre</h2>

<p>Seguimos conmocionados. Tras el horrible suceso hemos descubierto quiénes eran los forasteros. Debería haber acudido a las autoridades en cuanto les vi, aunque seguramente me habrían mandado callar como a los tontos. Una vez perpetrado el doble asesinato, todo el mundo se interesa por lo que tengo que decir. Al fin y al cabo, me he pasado meses pendiente de ese grupo de indeseables.</p>

<p>Las dos chicas fallecidas no tenían ningún lazo familiar entre ellas ni con sus verdugos, como ya me había imaginado. Eran chicas que habían desaparecido de sus casas el año anterior. Una era de Alicante y la otra de Ciudad Real. Nadie había relacionado sus desapariciones porque no había ninguna relación entre ellas.</p>

<p>El hombre acumulaba una serie de denuncias en distintas poblaciones españolas. Había sido profesor universitario de lengua y literatura inglesa, pero hacía años que había abandonado la docencia y nadie sabía de qué vivía.</p>

<p>La mujer trabajaba desde casa. Fue una conmoción para todos sus conocidos descubrir que estaba implicada en este crimen atroz.</p>

<h2 id="12-de-diciembre">12 de diciembre</h2>

<p>Ni rastro del hombre y la mujer. Las autoridades siguen buscándolos, pero parece que se les ha tragado la tierra. Espero que a nadie se le ocurra nunca buscar en mi jardín.</p>

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      <pubDate>Tue, 15 Sep 2026 16:24:47 +0000</pubDate>
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