Nada que decir

Miro las anteriores entradas del (quasi)blog y veo que han pasado prácticamente dos años. Mucho tiempo como para retomar nada. Sin embargo, hoy me encuentro con ganas de escribir. No obstante, lo que me cuesta a menudo es encontrar algo que decir. Entre todo el inmenso ruido que sufrimos, no creo que lo que vaya a comunicar aporte absolutamente nada. De hecho, creo que uno de los problemas que tenemos, como sociedad, es que todo el mundo está diciendo cosas continuamente: por chat, en redes sociales de diverso tipo, en vídeo..., ¡incluso por teléfono! Sin embargo, frente a esta democratización de la expresión constante y sin filtro, tampoco creo que el anterior modelo, en el que solo unos pocos podían hablar y gozar de una cierta difusión para su mensaje, fuera mejor. Además, se daba también frecuentemente el mismo fenómeno: mucho hablar para poco que aportar (simplemente lo hacía menos gente, únicamente aquella que contaba con el privilegio de poder hacerlo). Tampoco me engaño: la difusión de un mensaje a gran escala hoy día sigue obedeciendo a lógicas de poder.

En la música –y en las artes, en la literatura, en las ciencias...– pasa algo similar: seguimos teniendo mucha producción que no va más allá de repetir lo que ya ha sido dicho (a veces, incluso por el mismo emisor) hasta la náusea. Quizá sea algo necesario para que, entre tanta cosa, aparezca de tanto en tanto algo que merezca la pena, pero es algo que tiene efectos perversos bastante claros. Por ejemplo, el gasto de recursos (tiempo, esfuerzo, atención...) en cosas que, siendo honestos, no lo merecerían.

En Mastodon, donde tengo una actividad lectora más o menos frecuente, escribo pocas veces. Sin embargo, la cantidad de veces que comienzo a escribir un toot para, incluso una vez terminado, borrarlo es considerable. ¿Por qué? Depende. En ocasiones, porque me doy cuenta de que estoy contando cosas que no me apetece que sean públicas. Otras veces porque, una vez leído el toot, me parece que lo único que aporta es ruido. Y no quiero colaborar a la generación de más ruido (aunque soy consciente de que casi siempre, cuando acabo publicando un toot, es lo que hago). Por eso, desde siempre, mi producción de mensajes en distintos ámbitos es bastante escasa: en casa hablo poco; compongo poco y solo cuando tengo algo que probar que me interesa; genero pocos mensajes en chats y redes sociales; etc. En fin, que me expreso con poca frecuencia y, a veces, cuando no me queda más remedio. Probablemente estoy haciendo de la necesidad virtud y toda mi opinión sobre el asunto tenga que ver con una cuestión de carácter, un carácter condicionado por una infancia y una educación que me dejaron claro que era mejor no expresarse mucho, no te fuera a caer una hostia, real o figurada. Quién sabe. O quizá, sencillamente, es que realmente no tengo nada que decir, nada que comunicar, y soy una especie de cáscara vacía.