El rincón de ferlagod

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Mi ecosistema tecnológico es un completo caos: Windows para el curro, Linux para trastear, un Pixel en el bolsillo... y sí, por ahí tengo un MacBook Air M1. Y ahí es donde me quiero detener, porque acabo de cometer un peaso de error que te cagas.

Lo he actualizado.

He caído en la trampa del nuevo sistema operativo, ese que Apple ha bautizado con un nombre ridículo como “Liquid Glass” (o como mierdas se llame, porque el nombre ya es tan pretencioso como el resultado final). Y la conclusión, sin pelos en la lengua, es que es una basura. Una auténtica y profunda basura.

¡¡¡La estabilidad se fue al carajo!!!

El M1 fue una maravilla cuando salió. Era rápido, la batería duraba una eternidad y el sistema se sentía suelto. Elegante. Era el ejemplo perfecto de que el hardware y el software estaban en perfecta sintonía.

Ahora... la estabilidad se ha ido a la mierda.

El sistema se ha vuelto más lento, pesado. El simple gesto de abrir una aplicación o cambiar de escritorio ya no tiene esa fluidez instantánea que enamoraba. Y no hablemos de los bugs, que son una vergüenza para una compañía que presume de la calidad de su software:

  • Bugs aleatorios: Aplicaciones que se quedan pensando, ventanas que no quieren abrir o cerrar a la primera.
  • Conexiones WiFi que bailan: Pérdidas de conexión intermitentes sin motivo aparente.
  • El diseño es un Cristo: Tenemos iconos con transparencias al lado de otros que no. Es feo de cojones, un desorden visual que rompe esa coherencia estética que antes era la bandera de la marca.

Apple ha pasado de hacer sistemas operativos que funcionan a hacer sistemas operativos que parecen molones en el vídeo de presentación. Han sustituido la solidez por el efectismo barato.

Ahora le toca a “Apple Intelligence”

Y si el sistema va mal, la guinda del pastel es ese “Apple Intelligence”. Vamos a ver, si el ordenador no es capaz de mantener una conexión WiFi estable o de abrirme el Finder sin pensárselo, ¿de verdad me tengo que creer que su IA revolucionaria va a hacer algo más que estropear la experiencia?

Es un desastre que resume a la perfección el problema actual de los gigantes tecnológicos: en lugar de centrarse en que sus productos funcionen bien, le meten capas y capas de funciones “que no son inteligentes” y efectos visuales que solo sirven para lastrar el sistema, obligarte a comprar el siguiente modelo y, de paso, llenarlo de marketing vacío.

El problema no es que hayan añadido una funcionalidad, es que no lo han hecho y además han roto lo que ya funcionaba.

Extraño profundamente la época donde Mac OS era un sistema sobrio, pensado para trabajar, para ser invisible y eficiente.

Mi consejo: no actualices.

#Tecnología #Divagaciones. #Apple

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Como enfermero, hay noticias que me hacen arquear una ceja más de lo normal. La última gran promesa de Apple es meter un glucómetro no invasivo en su relojito. Sí, habéis leído bien: medir el azúcar en sangre sin tener que darte el pinchazo de rigor en el dedo.

Suena a magia, suena a futuro y, sobre todo, suena a algo que Apple lleva intentando cocinar más de una década. Pero antes de que saltes de alegría o tires tu medidor tradicional por la ventana, vamos a poner los pies en el suelo, que ya sabemos cómo se las gastan con el marketing.

¿Cómo narices funciona esto?

La tecnología se llama fotónica de silicio. Básicamente, el reloj emite una luz láser bajo la piel para medir la concentración de glucosa. Apple dice que ya han llegado a una fase de “prueba de concepto”. O sea, que funciona en el laboratorio, pero meter eso en un cacharro que llevas en la muñeca sin que parezca un ladrillo de los 80 es otro cantar.

Mi visión desde la enfermería (y el escepticismo)

Como profesional de la salud, le veo dos caras a esta moneda:

  1. La parte buena: Si esto llega a ser preciso, sería una bendición para los prediabéticos y diabéticos tipo 2. Un control continuo sin agujas mejoraría la adherencia al tratamiento una barbaridad. Menos complicaciones, menos ingresos y gente más concienciada.
  2. La parte peligrosa: ¿Qué pasa con la precisión? Un Apple Watch no es un dispositivo médico de grado hospitalario (aunque ellos quieran que lo parezca). Si el reloj te da una cifra falsa y tú actúas en consecuencia, el susto puede ser de los que hacen época. No podemos sustituir el criterio clínico y las pruebas de contraste por un algoritmo que, como ya hemos visto con su “Liquid Glass” y otros inventos, a veces falla más que una escopeta de feria.

El problema del “Ecosistema Cerrado”

Ya sabéis lo que opino de Apple y su obsesión por controlarlo todo. Si sacan este glucómetro, no será por amor a la ciencia, sino para amarrarte aún más a su ecosistema. Tus datos de glucosa acabarán en sus servidores, alimentando esa “Apple Intelligence” de la que tanto presumen y que, al final, solo sirve para que ellos sepan más de ti que tú mismo.

¿Permitirán que esos datos fluyan libremente hacia sistemas públicos como nuestro Diraya en Andalucía? Lo dudo mucho. Crearán otra jaula de oro donde tú eres el que paga y ellos los que tienen la llave de tu historial metabólico.

Conclusión

Es un avance técnico brutal, no lo niego. Pero entre que el prototipo actual tiene el tamaño de un iPhone y que la precisión en medicina no admite “betas” ni errores de software, me parece que aún nos queda mucho para ver esto de forma fiable.

Menos luces láser y más estabilidad en el sistema operativo, que es lo que nos hace falta para trabajar tranquilos. Seguiremos vigilando, pero de momento, guardad los lanceteros, que esto va para largo.

#Tecnología #Divagaciones #Apple

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