Me despido con un beso, si todavía lo quieres
🛸 Lo dejo aquí antes de la corrección, porque hecho está. La historia me gusta, pero lo he escrito por un poco de obligación, porque ahora soy el que nunca escribe de la clase y realmente me apetecía cero, pero si quería escribir, y no ha sido hasta bien entradas las horas que empezó a gustarme. El motivo del ejercicio era ocultar algo y su protagonista, como yo, toma muy malas decisiones en la vida.
Con su último aliento me besa mientras le juro que volveré a por él. Cruzo sus brazos sobre el pecho medio enterrado, y termino de cubrir la fosa; el jardín se ocupará de protegerle. Los pasos hasta la casa se me hacen interminables y sonrío porque tiempo es lo único que tengo ahora. En la mesa del salón ha dejado perfectamente colocadas una serie de cosas, «su despedida», en caso de que no pueda volver. Me hizo prometer que no las tocaría hasta ahora. Está nuestro álbum de fotos, el último gorro de punto que me hizo, una cajita que ocultaba en el fondo del armario y la carta que escribió anoche. Al final sí le dieron las fuerzas, aunque hubo un momento, ya tarde, en el que también yo pensé que no lo conseguiría, pero cuando se le metía algo en esa cabeza. Es como lo de la muerte, en mil ocasiones le aseguré que este no sería el final, que cuando recuperase el ojo volveríamos a estar juntos; estos humanos son bien tercos. Sonrío de nuevo, eso me gustaba de él. Vago por la casa evitando el salón, evitando la carta. ¿Qué podría contarme que no me haya dicho en estos años? ¿Qué? Me giro y, en mi mente, le veo apoyado en el marco de la puerta, con esa media sonrisa. —Solo hay una manera de saberlo. —Su voz recorre el espacio que ha dejado vacío. Le devuelvo la media sonrisa a la nada y me decido a leerla.
Mi amor: Deja que empiece agradeciéndote estos años juntos ahora que me siento con fuerzas, pues quizás no tenga oportunidad más adelante. Siempre recordaré esos ojos amarillos que me observaban desde el otro lado del pantano. Curiosos, ansiosos y vivos. Nunca había visto a alguien como tú. Nunca nadie había visto a alguien como tú. Quizá fuese por la juventud que vencimos ese primer miedo y todos los que vinieron después. Bueno, no todos, pero casi todos. Habernos encontrado ha sido la experiencia de mi vida. Ya, no me arquees la ceja, sé que no siempre ha sido fácil, tras aquellos primeros meses conociéndonos, ocultos a la mirada de la aldea, nos descubrieron y señalaron. Nunca tuvimos una oportunidad. Creo que con tiempo, con mucho tiempo, igual podrían haberte aceptado, quizás incluso a los dos, pero cuando vieron lo que podías hacer con aquel ojo tuyo, aquello ya fue demasiado. El miedo prendió un fuego que no creo que supiesen ni que tenían dentro. Todavía me despierto con los gritos, bien lo sabes, de aquella noche. Recuerdo el crujido de la madera de la puerta de casa, las miradas del pasillo de vecinos, la sangre, tu sangre, y los pedazos de tu cuerpo. Recuerdo querer morir yo también, y gritar, y esa rabia que se apoderó de mí. Recuerdo sus ojos, ahora ellos eran los asustados. De alguna manera agarré tu cabeza, algunas partes más que tenía a mano, y huí. Huimos. Supe que el pantano nos protegería, igual que supe que aquello no era tu final, ni el nuestro. Aquellos meses en el interior, mientras ibas creciendo y uniéndote, están como cubiertos con una niebla, como en un sueño. A veces creía escuchar a mis padres, llamándome, otras, a los animales, hablándonos. Otras veces no paso de la oscuridad y el frío. Con tu recuperación se desvaneció la bruma y volví a sentir el sol en la piel. Esa misma noche regresamos a la aldea a recuperar lo que era nuestro, tuyo… Ya no había nadie allí. Yo me hubiese rendido, ya lo sabes, sin embargo, tú siempre fuiste todo el valor que me faltaba. Con casi lo puesto salimos en su busca. Localizarlos nos ha llevado una vida, juntos, casi siempre, cada uno en una punta del planeta en otras ocasiones. Siempre sentí como que algo se había roto dentro de mí. No, cambia esa cara, nunca me he arrepentido de lo que les hicimos, eran culpables y lo perdimos todo, es solo añorar el camino que jamás pudimos tomar, ¿sabes? No siempre me despierto con pesadillas, hay días en que veo retazos de esa otra vida, una en la que nos aceptan y cuidan. Una vida de comunidad y crecimiento. Una en la que quizás podrías haber compartido tu mundo con el nuestro, y quién sabe a dónde… no, no, nunca pasó y tampoco hubo oportunidad de que sucediese, tienes razón, mi amor. Igual dar el ojo por perdido no solo fue la única opción que nos quedó; igual fue el regalo que no tuvimos. Sé que aquí no nos vamos a poner de acuerdo; aún así, déjame ser un poco egoísta, ¿sí?, y poner en valor este último tiempo de paz, de disfrutar de nosotros, de viajar sin miedo, sin violencia, solo nosotros, recorriendo nuestro precioso mundo. Esta sí se ha parecido a la vida que me imaginé para nosotros. Ya, ya lo sé, con tu ojo el tiempo no sería una limitación para mí y me enseñarías también tu mundo, y esos otros mundos de los que siempre presumes, ya, pero, mi amor, tus días y los míos no son comparables, el reloj nunca se detendrá para ti, sin embargo, para mí estaban contados desde el principio. Por favor, entiéndeme, y perdona a este pobre viejo, que solo quiso ser feliz. A estas horas, mañana, ya habrás llegado al final de esta carta, de este testimonio, y sabrás lo que hay en la cajita y, por favor, mi vida, no me juzgues muy duramente por agarrarme a mis años contigo con todas mis fuerzas.
Me despido con un beso, si todavía lo quieres.