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    <title>Nadie &amp;mdash; Jodida, pero no sorprendida</title>
    <link>https://escritura.social/bettie/tag:Nadie</link>
    <description>Esto es lo que *me* pasa.  [RSS](https://escritura.social/bettie/feed/)</description>
    <pubDate>Sat, 29 Aug 2026 21:20:52 +0000</pubDate>
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      <title>La importancia de estar</title>
      <link>https://escritura.social/bettie/la-importancia-de-estar</link>
      <description>&lt;![CDATA[  Published on Jun 15, 2025&#xA;&#xA;Este post podría ir de lo importante que es estar ahí para la gente cuando nos necesita, pero no, no va de eso: va de la importancia de estar en el relato de los hechos, en el discurso de agradecimiento, en los créditos de la película. ¿Por qué? Porque a lo mejor así, poco a poco, acabamos con el discurso falso y maldito de la meritocracia, con las historias de triunfo de hombres hechos a sí mismos (mientras sus grandes mujeres están detrás lavándoles los calzoncillos, criando a sus hijos, corrigiéndoles los discursos...) y con la épica del lobo solitario, que ya han hecho bastante daño. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Nadie triunfa solo. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;En los últimos tiempos he tenido el orgullo ajeno de ver cómo un par de estudiantes han aparecido en medios locales por sus logros académicos. Ese orgullo ajeno se ha visto tremendamente incrementado al ver cómo mis chavales no ahorraban palabras de reconocimiento para las personas que les han ayudado por el camino. Uno de ellos, cuando le pidieron una fotografía para ilustrar su entrevista, envió un selfie que se había hecho con su profesora porque quería que tú también aparecieras en el periódico, profesora, sin ti no habría podido (cita literal, me lo contó la profesora implicada).  Me alegra ver que estos chavales no ceden a la dialéctica del triunfador solitario, del lo he conseguido todo con mi esfuerzo, del no debo nada a nadie ni tampoco al sesgo del superviviente. Son perfectamente conscientes de que han llegado donde están aupados por otros, apoyados por otros, de la mano de otros. Y lo honran con sus palabras, porque...&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;...lo que no se nombra no existe.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Aunque no me gusta esa frase, en esencia es cierta. Lo que no se nombra existe, claro, pero es como si no existiera. Permanece invisible e invisibilizado (porque se oculta deliberadamente) y eso tiene un impacto en la realidad. A lo mejor si los grandes hombres que triunfan diesen las gracias a la no-tan-gran mujer que les lava los calzoncillos las cosas nos habrían pintado de otra forma. No me digas que no molaría que, en cada artículo científico, cada novela, cada plano de un edificio, apareciese un apartado de agradecimientos: a las personas que me lavaron la ropa, que me prepararon la comida, que despejaron mi día de ciertas tareas para que yo pudiera dedicarme a hacer esto, que aguantaron mis ataques de nervios y mis caídas. Y, ¿por qué no? También cada evento cotidiano: el ascenso en el trabajo, la finalización de una tarea, la resolución de un problema, la superación de un conflicto. Nada de eso (si tenemos suerte) lo hacemos del todo solos. Probablemente nuestra vida se parecería a una gala de premios, con tanto discurso, pero tal vez es eso justo lo que hace falta porque... &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;...el discurso construye el pensamiento.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Nos han educado en una lógica individualista: en la naturaleza sobrevive el más fuerte, o el más apto, o lo que sea, pero hablamos de un el (jeje, no obviemos el masculino genérico, claro). La fecundación se produce porque hay una competición de espermatozoides que acaba con el triunfo de uno de ellos. El mundo tiene que ser un lugar cruel, inhóspito y competitivo porque la naturaleza también es así: uno está solo consigo mismo. ¿O es así el mundo porque decidimos contarnos esos relatos? Se sabe, por ejemplo, que la colaboración en la naturaleza es importantísima, incluso entre especies, y que los espermatozoides colaboran al desplazarse hasta encontrar al óvulo, por ejemplo. Habría que preguntarse a quién benefician esas narraciones épicas de guerreros solitarios y su transposición a nuestro mundo. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;¿Qué pasaría si empezásemos a incluir en nuestro discurso el reconocimiento a quienes estuvieron, de modo que su presencia esté en nuestra vida y en nuestras narraciones? A lo mejor no pasaba nada, es posible. Pero también es posible que se normalizase la idea de que todas las personas necesitan ayuda, que la necesitamos con muchísima frecuencia, para cosas simples y complejas, para superar una enfermedad o para configurar el wifi del trabajo en el móvil. Entonces, a lo mejor, pudiera o pudiese ser, que dejásemos de sentirnos débiles, incapaces e inadecuadas por no ser superpersonas que pueden hacerlo todo solas mientras siguen manteniendo el cutis perfecto y la sonrisa en alto. Quién sabe. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Ya digo, lo mismo daba igual, lo mismo no cambiaba nada, pero ¿qué puede perderse? Tal vez valga la pena intentarlo, ¿no? &#34;Pues el otro día me compré un vestido y me vino súper bien que menganita me aconsejara&#34;, &#34;Madre mía, qué sitio más chulo me descubrió fulanita&#34;, &#34;Si no llega a ser por zutanita, me tiro toda la semana trabajando en una cosa que luego no iba a valer para nada&#34;. No queda tan raro, no queda tan forzado. Y reconoce la importancia de la gente que nos ayuda. Si eso, además, ayuda a cambiar, aunque sea levemente, el relato dominante y a hacer de nuestro entorno un lugar algo más acogedor... &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Sí, ya sé. Demasiada pasión por lo mío. Créeme que nunca he sido ambiciosa, pero no puedo dejar de fantasear con que pequeños gestos de este tipo pueden suponer cambios enormes. Déjame soñar, anda.&#xA;&#xA;---------&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este post ha sido creado sin la intervención de Large Language Models/Inteligencia Artificial Generativa. Si quieres dejarme un comentario puedes hacerlo a través de mi correo electrónico o de mi cuenta de Mastodon]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Published on Jun 15, 2025</p></blockquote>

<p>Este post podría ir de lo importante que es <em>estar</em> ahí para la gente cuando nos necesita, pero no, no va de eso: va de la importancia de estar <em>en el relato</em> de los hechos, en el discurso de agradecimiento, en los créditos de la película. ¿Por qué? Porque a lo mejor así, poco a poco, acabamos con el discurso falso y maldito de la meritocracia, con las historias de triunfo de hombres hechos a sí mismos (mientras sus grandes mujeres están <em>detrás</em> lavándoles los calzoncillos, criando a sus hijos, corrigiéndoles los discursos...) y con la épica del lobo solitario, que ya han hecho bastante daño.</p>

<p><a href="/bettie/tag:Nadie" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">Nadie</span></a> triunfa solo.</p>

<p>En los últimos tiempos he tenido el orgullo ajeno de ver cómo un par de estudiantes han aparecido en medios locales por sus logros académicos. Ese orgullo ajeno se ha visto tremendamente incrementado al ver cómo mis chavales no ahorraban palabras de reconocimiento para las personas que les han ayudado por el camino. Uno de ellos, cuando le pidieron una fotografía para ilustrar su entrevista, envió un selfie que se había hecho con su profesora porque <em>quería que tú también aparecieras en el periódico, profesora, sin ti no habría podido</em> (cita literal, me lo contó la profesora implicada).  Me alegra ver que estos chavales no ceden a la dialéctica del triunfador solitario, del <em>lo he conseguido todo con mi esfuerzo</em>, del <em>no debo nada a nadie</em> ni tampoco al sesgo del superviviente. Son perfectamente conscientes de que han llegado donde están aupados por otros, apoyados por otros, de la mano de otros. Y lo honran con sus palabras, porque...</p>

<p>#...lo que no se nombra no existe.</p>

<p>Aunque no me gusta esa frase, en esencia es cierta. Lo que no se nombra existe, claro, pero es como si no existiera. Permanece invisible e invisibilizado (porque se oculta deliberadamente) y eso tiene un impacto en la realidad. A lo mejor si los <em>grandes hombres</em> que triunfan diesen las gracias a la <em>no-tan-gran mujer</em> que les lava los calzoncillos las cosas nos habrían pintado de otra forma. No me digas que no molaría que, en cada artículo científico, cada novela, cada plano de un edificio, apareciese un apartado de agradecimientos: a las personas que me lavaron la ropa, que me prepararon la comida, que despejaron mi día de ciertas tareas para que yo pudiera dedicarme a hacer esto, que aguantaron mis ataques de nervios y mis caídas. Y, ¿por qué no? También cada evento cotidiano: el ascenso en el trabajo, la finalización de una tarea, la resolución de un problema, la superación de un conflicto. Nada de eso (si tenemos suerte) lo hacemos del todo solos. Probablemente nuestra vida se parecería a una gala de premios, con tanto discurso, pero tal vez es eso justo lo que hace falta porque...</p>

<p>#...el discurso construye el pensamiento.</p>

<p>Nos han educado en una lógica individualista: en la naturaleza sobrevive el más fuerte, o el más apto, o lo que sea, pero hablamos de un el (jeje, no obviemos el masculino genérico, claro). La fecundación se produce porque hay una <em>competición</em> de espermatozoides que acaba con el triunfo de uno de ellos. El mundo tiene que ser un lugar cruel, inhóspito y competitivo porque la naturaleza también es así: uno está solo consigo mismo. ¿O es así el mundo porque decidimos contarnos esos relatos? Se sabe, por ejemplo, que la colaboración en la naturaleza es importantísima, incluso entre especies, y que los espermatozoides colaboran al desplazarse hasta encontrar al óvulo, por ejemplo. Habría que preguntarse a quién benefician esas narraciones épicas de guerreros solitarios y su transposición a nuestro mundo.</p>

<p>¿Qué pasaría si empezásemos a incluir en nuestro discurso el reconocimiento a quienes estuvieron, de modo que su presencia esté en nuestra vida y en nuestras narraciones? A lo mejor no pasaba nada, es posible. Pero también es posible que se normalizase la idea de que <strong>todas</strong> las personas necesitan ayuda, que la necesitamos con muchísima frecuencia, para cosas simples y complejas, para superar una enfermedad o para configurar el wifi del trabajo en el móvil. Entonces, a lo mejor, pudiera o pudiese ser, que dejásemos de sentirnos débiles, incapaces e inadecuadas por no ser superpersonas que pueden hacerlo todo solas mientras siguen manteniendo el cutis perfecto y la sonrisa en alto. Quién sabe.</p>

<p>Ya digo, lo mismo daba igual, lo mismo no cambiaba nada, pero ¿qué puede perderse? Tal vez valga la pena intentarlo, ¿no? “Pues el otro día me compré un vestido y me vino súper bien que menganita me aconsejara”, “Madre mía, qué sitio más chulo me descubrió fulanita”, “Si no llega a ser por zutanita, me tiro toda la semana trabajando en una cosa que luego no iba a valer para nada”. No queda tan raro, no queda tan forzado. Y reconoce la importancia de la gente que nos ayuda. Si eso, además, ayuda a cambiar, aunque sea levemente, el relato dominante y a hacer de nuestro entorno un lugar algo más acogedor...</p>

<p>Sí, ya sé. Demasiada pasión por lo mío. Créeme que nunca he sido ambiciosa, pero no puedo dejar de fantasear con que pequeños gestos de este tipo pueden suponer cambios enormes. Déjame soñar, anda.</p>

<hr>

<p>Este post ha sido creado sin la intervención de Large Language Models/Inteligencia Artificial Generativa. Si quieres dejarme un comentario puedes hacerlo a través de mi <a href="mailto:cuadernoderetales@gmail.com" rel="nofollow">correo electrónico</a> o de mi <a href="https://masto.es/@Bettie" rel="nofollow">cuenta de Mastodon</a></p>
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      <guid>https://escritura.social/bettie/la-importancia-de-estar</guid>
      <pubDate>Sat, 29 Aug 2026 05:48:08 +0000</pubDate>
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      <title>La importancia de estar</title>
      <link>https://escritura.social/bettie/la-importancia-de-estar-63f5</link>
      <description>&lt;![CDATA[  Published on Jun 15, 2025&#xA;&#xA;Este post podría ir de lo importante que es estar ahí para la gente cuando nos necesita, pero no, no va de eso: va de la importancia de estar en el relato de los hechos, en el discurso de agradecimiento, en los créditos de la película. ¿Por qué? Porque a lo mejor así, poco a poco, acabamos con el discurso falso y maldito de la meritocracia, con las historias de triunfo de hombres hechos a sí mismos (mientras sus grandes mujeres están detrás lavándoles los calzoncillos, criando a sus hijos, corrigiéndoles los discursos...) y con la épica del lobo solitario, que ya han hecho bastante daño. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Nadie triunfa solo. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;En los últimos tiempos he tenido el orgullo ajeno de ver cómo un par de estudiantes han aparecido en medios locales por sus logros académicos. Ese orgullo ajeno se ha visto tremendamente incrementado al ver cómo mis chavales no ahorraban palabras de reconocimiento para las personas que les han ayudado por el camino. Uno de ellos, cuando le pidieron una fotografía para ilustrar su entrevista, envió un selfie que se había hecho con su profesora porque quería que tú también aparecieras en el periódico, profesora, sin ti no habría podido (cita literal, me lo contó la profesora implicada).  Me alegra ver que estos chavales no ceden a la dialéctica del triunfador solitario, del lo he conseguido todo con mi esfuerzo, del no debo nada a nadie ni tampoco al sesgo del superviviente. Son perfectamente conscientes de que han llegado donde están aupados por otros, apoyados por otros, de la mano de otros. Y lo honran con sus palabras, porque...&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;...lo que no se nombra no existe.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Aunque no me gusta esa frase, en esencia es cierta. Lo que no se nombra existe, claro, pero es como si no existiera. Permanece invisible e invisibilizado (porque se oculta deliberadamente) y eso tiene un impacto en la realidad. A lo mejor si los grandes hombres que triunfan diesen las gracias a la no-tan-gran mujer que les lava los calzoncillos las cosas nos habrían pintado de otra forma. No me digas que no molaría que, en cada artículo científico, cada novela, cada plano de un edificio, apareciese un apartado de agradecimientos: a las personas que me lavaron la ropa, que me prepararon la comida, que despejaron mi día de ciertas tareas para que yo pudiera dedicarme a hacer esto, que aguantaron mis ataques de nervios y mis caídas. Y, ¿por qué no? También cada evento cotidiano: el ascenso en el trabajo, la finalización de una tarea, la resolución de un problema, la superación de un conflicto. Nada de eso (si tenemos suerte) lo hacemos del todo solos. Probablemente nuestra vida se parecería a una gala de premios, con tanto discurso, pero tal vez es eso justo lo que hace falta porque... &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;...el discurso construye el pensamiento.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Nos han educado en una lógica individualista: en la naturaleza sobrevive el más fuerte, o el más apto, o lo que sea, pero hablamos de un el (jeje, no obviemos el masculino genérico, claro). La fecundación se produce porque hay una competición de espermatozoides que acaba con el triunfo de uno de ellos. El mundo tiene que ser un lugar cruel, inhóspito y competitivo porque la naturaleza también es así: uno está solo consigo mismo. ¿O es así el mundo porque decidimos contarnos esos relatos? Se sabe, por ejemplo, que la colaboración en la naturaleza es importantísima, incluso entre especies, y que los espermatozoides colaboran al desplazarse hasta encontrar al óvulo, por ejemplo. Habría que preguntarse a quién benefician esas narraciones épicas de guerreros solitarios y su transposición a nuestro mundo. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;¿Qué pasaría si empezásemos a incluir en nuestro discurso el reconocimiento a quienes estuvieron, de modo que su presencia esté en nuestra vida y en nuestras narraciones? A lo mejor no pasaba nada, es posible. Pero también es posible que se normalizase la idea de que todas las personas necesitan ayuda, que la necesitamos con muchísima frecuencia, para cosas simples y complejas, para superar una enfermedad o para configurar el wifi del trabajo en el móvil. Entonces, a lo mejor, pudiera o pudiese ser, que dejásemos de sentirnos débiles, incapaces e inadecuadas por no ser superpersonas que pueden hacerlo todo solas mientras siguen manteniendo el cutis perfecto y la sonrisa en alto. Quién sabe. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Ya digo, lo mismo daba igual, lo mismo no cambiaba nada, pero ¿qué puede perderse? Tal vez valga la pena intentarlo, ¿no? &#34;Pues el otro día me compré un vestido y me vino súper bien que menganita me aconsejara&#34;, &#34;Madre mía, qué sitio más chulo me descubrió fulanita&#34;, &#34;Si no llega a ser por zutanita, me tiro toda la semana trabajando en una cosa que luego no iba a valer para nada&#34;. No queda tan raro, no queda tan forzado. Y reconoce la importancia de la gente que nos ayuda. Si eso, además, ayuda a cambiar, aunque sea levemente, el relato dominante y a hacer de nuestro entorno un lugar algo más acogedor... &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Sí, ya sé. Demasiada pasión por lo mío. Créeme que nunca he sido ambiciosa, pero no puedo dejar de fantasear con que pequeños gestos de este tipo pueden suponer cambios enormes. Déjame soñar, anda.&#xA;&#xA;---------&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este post ha sido creado sin la intervención de Large Language Models/Inteligencia Artificial Generativa. Si quieres dejarme un comentario puedes hacerlo a través de mi correo electrónico o de mi cuenta de Mastodon]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Published on Jun 15, 2025</p></blockquote>

<p>Este post podría ir de lo importante que es <em>estar</em> ahí para la gente cuando nos necesita, pero no, no va de eso: va de la importancia de estar <em>en el relato</em> de los hechos, en el discurso de agradecimiento, en los créditos de la película. ¿Por qué? Porque a lo mejor así, poco a poco, acabamos con el discurso falso y maldito de la meritocracia, con las historias de triunfo de hombres hechos a sí mismos (mientras sus grandes mujeres están <em>detrás</em> lavándoles los calzoncillos, criando a sus hijos, corrigiéndoles los discursos...) y con la épica del lobo solitario, que ya han hecho bastante daño.</p>

<p><a href="/bettie/tag:Nadie" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">Nadie</span></a> triunfa solo.</p>

<p>En los últimos tiempos he tenido el orgullo ajeno de ver cómo un par de estudiantes han aparecido en medios locales por sus logros académicos. Ese orgullo ajeno se ha visto tremendamente incrementado al ver cómo mis chavales no ahorraban palabras de reconocimiento para las personas que les han ayudado por el camino. Uno de ellos, cuando le pidieron una fotografía para ilustrar su entrevista, envió un selfie que se había hecho con su profesora porque <em>quería que tú también aparecieras en el periódico, profesora, sin ti no habría podido</em> (cita literal, me lo contó la profesora implicada).  Me alegra ver que estos chavales no ceden a la dialéctica del triunfador solitario, del <em>lo he conseguido todo con mi esfuerzo</em>, del <em>no debo nada a nadie</em> ni tampoco al sesgo del superviviente. Son perfectamente conscientes de que han llegado donde están aupados por otros, apoyados por otros, de la mano de otros. Y lo honran con sus palabras, porque...</p>

<p>#...lo que no se nombra no existe.</p>

<p>Aunque no me gusta esa frase, en esencia es cierta. Lo que no se nombra existe, claro, pero es como si no existiera. Permanece invisible e invisibilizado (porque se oculta deliberadamente) y eso tiene un impacto en la realidad. A lo mejor si los <em>grandes hombres</em> que triunfan diesen las gracias a la <em>no-tan-gran mujer</em> que les lava los calzoncillos las cosas nos habrían pintado de otra forma. No me digas que no molaría que, en cada artículo científico, cada novela, cada plano de un edificio, apareciese un apartado de agradecimientos: a las personas que me lavaron la ropa, que me prepararon la comida, que despejaron mi día de ciertas tareas para que yo pudiera dedicarme a hacer esto, que aguantaron mis ataques de nervios y mis caídas. Y, ¿por qué no? También cada evento cotidiano: el ascenso en el trabajo, la finalización de una tarea, la resolución de un problema, la superación de un conflicto. Nada de eso (si tenemos suerte) lo hacemos del todo solos. Probablemente nuestra vida se parecería a una gala de premios, con tanto discurso, pero tal vez es eso justo lo que hace falta porque...</p>

<p>#...el discurso construye el pensamiento.</p>

<p>Nos han educado en una lógica individualista: en la naturaleza sobrevive el más fuerte, o el más apto, o lo que sea, pero hablamos de un el (jeje, no obviemos el masculino genérico, claro). La fecundación se produce porque hay una <em>competición</em> de espermatozoides que acaba con el triunfo de uno de ellos. El mundo tiene que ser un lugar cruel, inhóspito y competitivo porque la naturaleza también es así: uno está solo consigo mismo. ¿O es así el mundo porque decidimos contarnos esos relatos? Se sabe, por ejemplo, que la colaboración en la naturaleza es importantísima, incluso entre especies, y que los espermatozoides colaboran al desplazarse hasta encontrar al óvulo, por ejemplo. Habría que preguntarse a quién benefician esas narraciones épicas de guerreros solitarios y su transposición a nuestro mundo.</p>

<p>¿Qué pasaría si empezásemos a incluir en nuestro discurso el reconocimiento a quienes estuvieron, de modo que su presencia esté en nuestra vida y en nuestras narraciones? A lo mejor no pasaba nada, es posible. Pero también es posible que se normalizase la idea de que <strong>todas</strong> las personas necesitan ayuda, que la necesitamos con muchísima frecuencia, para cosas simples y complejas, para superar una enfermedad o para configurar el wifi del trabajo en el móvil. Entonces, a lo mejor, pudiera o pudiese ser, que dejásemos de sentirnos débiles, incapaces e inadecuadas por no ser superpersonas que pueden hacerlo todo solas mientras siguen manteniendo el cutis perfecto y la sonrisa en alto. Quién sabe.</p>

<p>Ya digo, lo mismo daba igual, lo mismo no cambiaba nada, pero ¿qué puede perderse? Tal vez valga la pena intentarlo, ¿no? “Pues el otro día me compré un vestido y me vino súper bien que menganita me aconsejara”, “Madre mía, qué sitio más chulo me descubrió fulanita”, “Si no llega a ser por zutanita, me tiro toda la semana trabajando en una cosa que luego no iba a valer para nada”. No queda tan raro, no queda tan forzado. Y reconoce la importancia de la gente que nos ayuda. Si eso, además, ayuda a cambiar, aunque sea levemente, el relato dominante y a hacer de nuestro entorno un lugar algo más acogedor...</p>

<p>Sí, ya sé. Demasiada pasión por lo mío. Créeme que nunca he sido ambiciosa, pero no puedo dejar de fantasear con que pequeños gestos de este tipo pueden suponer cambios enormes. Déjame soñar, anda.</p>

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<p>Este post ha sido creado sin la intervención de Large Language Models/Inteligencia Artificial Generativa. Si quieres dejarme un comentario puedes hacerlo a través de mi <a href="mailto:cuadernoderetales@gmail.com" rel="nofollow">correo electrónico</a> o de mi <a href="https://masto.es/@Bettie" rel="nofollow">cuenta de Mastodon</a></p>
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      <guid>https://escritura.social/bettie/la-importancia-de-estar-63f5</guid>
      <pubDate>Sat, 29 Aug 2026 05:48:08 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title>Dejé Twitter e Instagram y pasaron cosas</title>
      <link>https://escritura.social/bettie/deje-twitter-e-instagram-y-pasaron-cosas</link>
      <description>&lt;![CDATA[  Published on Jul 1, 2025&#xA;&#xA;El otro día dije en Mastodon que abandonar las redes sociales mainstream había cambiado la manera en la que vivo mi ocio (me va a costar evitar el verbo consumir) y LaGuiri me comentó que le gustaría leer más sobre el tema. La cosa es que, a medida que ha ido pasando el tiempo me he dado cuenta de que ha sido un cambio más profundo que el que en un principio vislumbré. Así que nada, voy a ver si le doy un poco de orden a algunos de los aprendizajes adquiridos o intuiciones vislumbradas desde que dejé las redes sociales mainstream&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Nadie expuesto al marketing puede sustraerse al marketing&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;No me tengo por una persona excesivamente impulsiva o caprichosa. Además, creo que tengo la cabeza relativamente bien amueblada y que, por distintas razones, suelo ver venir cuando alguien quiere venderme algo. No me considero, en definitiva, una víctima fácil para las estrategias de venta. Pues bien: me he dado cuenta de que estoy equivocada. Probablemente, eso no lo niego, presente algo más de resistencia que otras personas, pero nadie expuesto al marketing puede sustraerse al marketing. Y eso lo sé porque ahora que he dejado de estar tan expuesta a las estrategias mercadotécnicas que imperan en las redes sociales comerciales deseo menos de forma inducida. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Aunque antes no se me antojase cualquier cosa que apareciese por mi feed, sí que he detectado que me pasaba con cierta frecuencia. La publicidad (con frecuencia transmitida por personas normales y corrientes inmersas en la dinámica de estas redes, como yo misma lo era) hacía que tuviese curiosidad por cosas, que las acabase deseando. Estas cosas eran, en la inmensísima mayoría de los casos, superfluas, nada necesario ni especialmente relevante para mí. Sin que yo me diera cuenta, incluso mientras yo creía que estaba haciendo un uso responsable de las redes sociales, mi deseo se estaba dirigiendo a productos concretos. ¿Que cómo me he dado cuenta? Pues porque lo que me interesa o quiero ya no coincide en tanta medida con lo que le interesa a la mayoría de gente que me rodea. Lo cual me lleva al segundo punto.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Mi ocio estaba absolutamente mediatizado por la publicidad y lo viral.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Yo creía que veía una serie o una película, o que leía un libro, porque me interesaba de verdad. Que ese libro, película o serie fuese el que estaba viendo todo el mundo era una mera coincidencia (nunca lo es, pero vaya, no pensaba que tuviera tanto peso). No era así, porque al desaparecer de esas redes sociales (y al dejar las plataformas de streaming, también) he dejado de desear ver cosas que antes veía: honestamente, no me interesan, no siento que me esté perdiendo gran cosa por no verlas. Lo mismo ocurre con las novedades o booms editoriales: es que ya no me entero de cuáles son. No sé si es demasiado pretencioso decir que mis elecciones en relación al ocio son ahora más auténticas, probablemente sí, pero desde luego sí que están más dirigidas por una interacción más humana y menos publicitaria (lo viral no deja de ser una forma muy efectiva de publicidad).&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Esto ha llegado a cosas muy pequeñas. El otro día un amigo me hizo referencia a un escándalo con la restauración de una virgen. Yo le dije que me había enterado, que algo había oído, pero que no me interesaba demasiado. Él insistió: cómo se nota que no estás en instagram, todo lo que rodea el caso es surrealista, propio de una película de tu paisano Cuerda. Y yo también insistí: le dije que, de verdad, podía vivir sin meterme en ese pozo, que no me interesaba nada en absoluto.  Lo mismo pasó hace poco con la cancelación de un programa de Nickelodeon, el de Tiny Chef. Supe de ello porque una amiga me mandó un enlace a Bluesky. El vídeo me pareció del peor gusto porque apelaba a una emocionalidad profunda para manipular (que sí, que el muñequito es muy mono, pero me enfadó, porque vi una frivolidad tirar de lo que supone un despido de forma tan emocional para evitar la cancelación de un programa de tele). Luego, por dos lados más, me llegó un vídeo bastante gracioso del muñequito cocinando al ritmo de Billie Eilish. Ese sí me gustó. Pero ya está: no me interesaba. No quería saber más. Sin embargo, por alguna razón, medio Interné estaba a topísimo con la cancelación de un programa del que la mayoría no había oído hablar hasta un día o dos antes. ¿No es curioso? &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Sin embargo, aunque esto me parece, en general, positivo, creo que tiene también su lado negativo. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;A las personas que quiero y a mí están dejando de interesarnos las mismas cosas. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Y eso me da miedo, porque sé que tengo cierta facilidad para aislarme y, sin esos nexos propios de la cultura popular, temo que ocurra. No es raro que mis amigos compartan en nuestros grupos de mensajería enlaces a Instagram o a Twitter que yo ya no me molesto en abrir: el 80% de las veces no puedo verlos por cómo las plataformas los limitan para obligarte a registrarte e instalar su app. Las bromas o referencias que hacen me pasan por encima. Cada vez más cuando hacen referencia a un pequeño evento canónico que ha tenido lugar en estas redes tengo que preguntar un sonoro qué porque no tengo la más mínima idea de de qué va el asunto. Imagino que pasaría lo mismo si yo les hablase del certamen #MissVentiladorDeTecho, claro. La cosa es que yo sé que estoy en redes de nicho, mientras que ellos sienten que todos estamos al tanto de lo que pasa en las grandes redes comerciales. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Tal vez sea un miedo infundado, pero no creo que lo sea del todo. En cualquier caso es un miedo que sirve a las empresas que manejan estas redes: «¿Vas a dejarnos y a perderte todo lo que pasa aquí? ¿De qué vas a hablar entonces con tus amigos?». Resulta que el FOMO funciona, amiguis. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;En fin, espero sinceramente que mis relaciones sociales se sustenten sobre pilares que puedan resistir la eliminación del algoritmo y la mercadotecnia. Sé, sin embargo, que no todas lo harán.&#xA;&#xA;---------&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este post ha sido creado sin la intervención de Large Language Models/Inteligencia Artificial Generativa. Si quieres dejarme un comentario puedes hacerlo a través de mi correo electrónico o de mi cuenta de Mastodon]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Published on Jul 1, 2025</p></blockquote>

<p>El otro día dije en Mastodon que abandonar las redes sociales <em>mainstream</em> había cambiado la manera en la que vivo mi ocio (me va a costar evitar el verbo <em>consumir</em>) y <a class="u-url mention">@<span>laguiri@neopaquita.es</span></a>&#34;&gt;LaGuiri</a> me comentó que le gustaría leer más sobre el tema. La cosa es que, a medida que ha ido pasando el tiempo me he dado cuenta de que ha sido un cambio más profundo que el que en un principio vislumbré. Así que nada, voy a ver si le doy un poco de orden a algunos de los aprendizajes adquiridos o intuiciones vislumbradas desde que dejé las redes sociales <em>mainstream</em></p>

<p>#<a href="/bettie/tag:Nadie" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">Nadie</span></a> expuesto al <em>marketing</em> puede sustraerse al <em>marketing</em></p>

<p>No me tengo por una persona excesivamente impulsiva o caprichosa. Además, creo que tengo la cabeza relativamente bien amueblada y que, por distintas razones, suelo ver venir cuando alguien quiere venderme algo. No me considero, en definitiva, una víctima fácil para las estrategias de venta. Pues bien: me he dado cuenta de que estoy equivocada. Probablemente, eso no lo niego, presente algo más de resistencia que otras personas, pero <strong>nadie expuesto al marketing puede sustraerse al marketing</strong>. Y eso lo sé porque ahora que he dejado de estar <em>tan</em> expuesta a las estrategias mercadotécnicas que imperan en las redes sociales comerciales <strong>deseo menos</strong> de forma <strong>inducida</strong>.</p>

<p>Aunque antes no se me antojase cualquier cosa que apareciese por mi <em>feed</em>, sí que he detectado que me pasaba con cierta frecuencia. La publicidad (con frecuencia transmitida por personas normales y corrientes inmersas en la dinámica de estas redes, como yo misma lo era) hacía que tuviese <em>curiosidad</em> por cosas, que las acabase deseando. Estas cosas eran, en la inmensísima mayoría de los casos, superfluas, nada necesario ni especialmente relevante para mí. Sin que yo me diera cuenta, incluso mientras yo creía que estaba haciendo un uso responsable de las redes sociales, mi deseo se estaba dirigiendo a productos concretos. ¿Que cómo me he dado cuenta? Pues porque lo que me interesa o quiero ya no coincide en tanta medida con lo que le interesa a la mayoría de gente que me rodea. Lo cual me lleva al segundo punto.</p>

<p>#<a href="/bettie/tag:Mi" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">Mi</span></a> ocio estaba absolutamente mediatizado por la publicidad y lo viral.</p>

<p>Yo creía que veía una serie o una película, o que leía un libro, porque <em>me interesaba</em> de verdad. Que ese libro, película o serie fuese el que estaba viendo todo el mundo era una mera coincidencia (nunca lo es, pero vaya, no pensaba que tuviera tanto peso). No era así, porque al desaparecer de esas redes sociales (y al dejar las plataformas de <em>streaming</em>, también) he dejado de <em>desear</em> ver cosas que antes veía: honestamente, no me interesan, no siento que me esté perdiendo gran cosa por no verlas. Lo mismo ocurre con las novedades o booms editoriales: es que ya no me entero de cuáles son. No sé si es demasiado pretencioso decir que mis elecciones en relación al ocio son ahora <em>más auténticas</em>, probablemente sí, pero desde luego sí que están más dirigidas por una interacción más humana y menos publicitaria (lo viral no deja de ser una forma muy efectiva de publicidad).</p>

<p>Esto ha llegado a cosas muy pequeñas. El otro día un amigo me hizo referencia a un escándalo con la restauración de una virgen. Yo le dije que me había enterado, que algo había oído, pero que no me interesaba demasiado. Él insistió: cómo se nota que no estás en instagram, todo lo que rodea el caso es surrealista, propio de una película de tu paisano Cuerda. Y yo también insistí: le dije que, de verdad, podía vivir sin meterme en ese pozo, que no me interesaba nada en absoluto.  Lo mismo pasó hace poco con la cancelación de un programa de Nickelodeon, el de Tiny Chef. Supe de ello porque una amiga me mandó un enlace a Bluesky. El vídeo me pareció del peor gusto porque apelaba a una emocionalidad profunda para manipular (que sí, que el muñequito es muy mono, pero me enfadó, porque vi una frivolidad tirar de lo que supone un despido de forma tan emocional para evitar la cancelación de un programa de tele). Luego, por dos lados más, me llegó un vídeo bastante gracioso del muñequito cocinando al ritmo de Billie Eilish. Ese sí me gustó. Pero ya está: no me interesaba. No quería saber más. Sin embargo, por alguna razón, medio Interné estaba a topísimo con la cancelación de un programa del que la mayoría no había oído hablar hasta un día o dos antes. ¿No es curioso?</p>

<p>Sin embargo, aunque esto me parece, en general, positivo, creo que tiene también su lado negativo.</p>

<p>#<a href="/bettie/tag:A" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">A</span></a> las personas que quiero y a mí están dejando de interesarnos las mismas cosas.</p>

<p>Y eso me da miedo, porque sé que tengo cierta facilidad para aislarme y, sin esos nexos propios de la cultura popular, temo que ocurra. No es raro que mis amigos compartan en nuestros grupos de mensajería enlaces a Instagram o a Twitter que yo ya no me molesto en abrir: el 80% de las veces no puedo verlos por cómo las plataformas los limitan para obligarte a registrarte e instalar su app. Las bromas o referencias que hacen me pasan por encima. Cada vez más cuando hacen referencia a un pequeño evento canónico que ha tenido lugar en estas redes tengo que preguntar un sonoro <em>qué</em> porque no tengo la más mínima idea de de qué va el asunto. Imagino que pasaría lo mismo si yo les hablase del certamen <a href="/bettie/tag:MissVentiladorDeTecho" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">MissVentiladorDeTecho</span></a>, claro. La cosa es que yo sé que estoy en redes de nicho, mientras que ellos sienten que todos estamos al tanto de lo que pasa en las grandes redes comerciales.</p>

<p>Tal vez sea un miedo infundado, pero no creo que lo sea del todo. En cualquier caso es un miedo que sirve a las empresas que manejan estas redes: «¿Vas a dejarnos y a perderte todo lo que pasa aquí? ¿De qué vas a hablar entonces con tus amigos?». Resulta que el FOMO funciona, amiguis.</p>

<p>En fin, espero sinceramente que mis relaciones sociales se sustenten sobre pilares que puedan resistir la eliminación del algoritmo y la mercadotecnia. Sé, sin embargo, que no todas lo harán.</p>

<hr>

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      <pubDate>Sat, 29 Aug 2026 05:48:08 +0000</pubDate>
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