Qué difícil es ser bueno
No hay modo de actuar honestamente, con el corazón limpio, en Urras. No hay nada que uno pueda hacer en que no intervenga el lucro y el miedo de perder, y el ansia de poder. [...] No puede actuar como un hermano con la gente, tiene que manipularlos, o mandarlos, obedecerles, o engañarlos. Los desposeídos, de Ursula K. LeGuin
Estoy acabando de leer Los desposeídos, recomendación que me hicieron cuando comenté la maravilla que me había parecido el relato Quienes se marchan de Omelas, también de LeGuin. Cuando he llegado a esa frase he tenido que frenar un momento y respirar. Se ha unido a que hace unos días me crucé con un toot en Mastodon que, hablando de un tema aparentemente no demasiado profundo (cómo Tidal había activado por defecto una opción respecto de la música hecha IA) resumió muy bien de qué va intentar ser bueno, tener algún cierto horizonte ético, hoy en día: “Todo lo que hacemos hoy en día es intentar escoger la opción menos malvada. Es agotador”. He aquí el enlace
Esta idea ya me la habían contado antes. Con humor y cierta ligereza, sin profundizar en ella, pero me la habían señalado. Fue en The Good Place (atención, ce viene spoiler), cuando los protagonistas intentan demostrar que el sistema de puntos que decide si alguien va al “cielo” o al “infierno”, al “sitio bueno” o al “sitio malo”, está roto: el mundo actual es tan absurdamente hipercomplejo que no podemos calcular el alcance real de nuestras elecciones. En la serie creo que ponen un ejemplo con la compra de tomates ecológicos, en principio, una buena decisión, que sumaría X puntos a la cuenta de la persona... pero que lleva aparejadas implicaciones que le restan infinidad de puntos, dejándola en negativo. En el momento lo vi lúcido, pero ahora pienso que, aunque le di crédito a la idea, no fue el suficiente: vivo en un mundo en el que una no puede comprar un paquete de pipas sin preguntarse antes si está financiando el genocidio en Gaza. Como decía el señor del toot: es agotador.
Lo que pasa es que en la serie parecía que el problema era el sistema de puntos para acceder al cielo, y no el sistema (puede que no, no lo recuerdo del todo bien). Que la respuesta era rebajar los requisitos de bondad y no abolir unas prácticas que son, sin excepción, una pendiente hacia la perversidad y que nos obligan, si no queremos ser basura humana, a vivir escalando. Lo cual, además, tiene su beneficio para el sistema, claro: mientras los que no queremos dejarnos llevar estamos hechos polvo, los que se dejan caer sienten que están en un parque de atracciones, cuya banda sonora repetitiva es fácil reconocer: Lo hace todo el mundo. Si no lo haces tú lo va a hacer otro. Yo no quiero saber nada. ¿Es que tienes que sacarle punta a todo?. Le das demasiadas vueltas a las cosas.
Querría dar un final esperanzador a este post, pero la mente me lleva a hacer otra metáfora de piolets y yo qué sé. Ya hice una ayer. Suficiente, ¿no?
Si te sobra esperanza para añadir a este pastel, compártela conmigo. Como hermanos. Podrán habernos encerrado en el infierno de Urras, pero aún no hemos confundido la pendiente con un tobogán.
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