No basta con el príncipe azul
El sábado pasado estuve viendo La hipótesis del amor. Paré la película para esbozar una idea a mi pareja: en las novelas románticas-adultas contemporáneas, al menos en las que yo leo, la relación con las amigas es tanto o más importante que el interés romántico. Precisamente las primeras son las que me hacen morir de envidia últimamente.
Me pongo a pensar y es así: en las novelas románticas que he leído en los últimos tiempos, o al menos en las que me han quedado en la memoria, de forma previa a la aparición del príncipe azul la protagonista tiene una red de apoyo preciosa, que suele ser una o varias amistades que la sostienen y que hacen que su vida sea una buena vida independientemente de los problemas. La vida de las protas de las novelas románticas actuales no cobra sentido con la aparición del maromo de turno: ya lo tenía. Pero ni siquiera el amor hace entrada en su vida con esa aparición: la protagonista ya tiene quien la quiera mucho y bien.
Me gusta eso. Me gusta que de forma muy explícita la amistad aparezca como un vínculo imprescindible, que se vean amistades sanas, leales, firmes y cariñosas, que cuidan y quieren en el sentido más amplio de la palabra. De hecho, casi parece que lo irreal es eso. Al fin y al cabo, hay michicientasmil apps para ligar y encontrar al “amor de tu vida”, pero lo de las amistades... Je. (Sí, ya sé que esto es mi ineptitud social hablando pero jo).
En fin, que muy bien. Y ya estaría. Eso es todo. Que me llamó la atención y quería dejarlo por aquí.
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