Lectura recomendada: Decir el mal de Ana Carrasco-Conde
En los últimos días he estado leyendo el ensayo Decir el mal, de Ana Carrasco-Conde y, contra todo pronóstico, lo he disfrutado terriblemente. No suelo leer filosofía por gusto, me resulta demasiado estirada, demasiado ajena, se da demasiadas ínfulas. Me equivoqué de carrera. Pero de vez en cuando me encuentro con algún texto filosófico que es un gusto leer. Y este ha sido el caso.
Lo he disfrutado mucho por varias razones. La primera es que el tema me resulta de tremendo interés. De alguna manera siento que el pensamiento occidental ha rodeado el mal, lo ha tratado como una subversión del orden adecuado y correcto, como una excepción o violación de las reglas que toda la gente de bien sigue. No sé, como un lunar que aparece sin saber muy bien por qué en una piel inmaculada. Y yo miro a mi alrededor y esa explicación no me satisface: el mal es demasiado común como para ser una excepción. Ana Carrasco-Conde da una respuesta sobre el origen del mal que me parece no solo acertada, sino iluminadora: el mal surge de las dinámicas por medio de las cuales nos relacionamos los unos con los otros. Eso es un arma de doble filo, porque lo hace tristemente invisible o inadvertido a veces pero al mismo tiempo da esperanza: las dinámicas pueden cambiarse.
La segunda es el estilo. Creo que un libro como este no podría leerse con un estilo frío, rígido y analítico como el que a veces encontramos en la filosofía. La voz filosófica de Ana Carrasco-Conde, siendo bastante clara y explícita a veces, no deja de tener un algo lírico, literario, poético. Solo así, creo, se hace transitable el camino por un texto que es durísimo emocional e intelectualmente por las historias que relata, pero también por las implicaciones que estas tienen. No me aguanto el decir que Ana Carrasco-Conde hace muy bien lo de darle en el boquino a Adorno con lo de que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. No solo de manera explícita, hablando del mal con el estilo que lo hace, sino también de manera explícita. Carrasco-Conde defiende con vehemencia el papel del arte, de la literatura, de la poesía para hablar del mal y del daño, para rescatarlo del olvido y poder hacernos cargo de él.
La tercera es la posición desde la que afronta la filosofía moral. La filosofía ha defendido con frecuencia y contra toda evidencia práctica (como suele ocurrir con la filosofía, por otra parte) que la moral es una cuestión intelectual/racional. Los sentimientos es mejor que no tomen parte de las decisiones morales. La realidad es que sin una vinculación emocional tomamos peores decisiones morales. La ética no puede obviar el componente emocional de la acción humana, no podemos pretender escindirnos de esa parte de nuestra realidad. De hecho, hacerlo es el camino más recto hacia el mal. La autora lo defiende una y otra vez, hasta la saciedad, aportando citas y ejemplos. Hoy que ya sabemos que las máquinas pueden hacer cálculos, decidir entre opciones, etc. etc., lo mismo nos toca reconocer que lo humano está en esa parte que el pensamiento occidental se ha empeñado en intentar extirpar.
La cuarta es que la filosofía de Ana Carrasco-Conde defiende la importancia del nosotros. Frente a posturas e interpretaciones del mal (y del bien) fundamentalmente centradas en el individuo, Ana Carrasco-Conde entresaca de la tradición a precedentes que hablan del mal desde un punto de vista sistémico y va más allá: es la destrucción del nosotros la que hace posible la atrocidad. En ese sentido, la construcción del nosotros es la que puede salvarnos.
Me parece un texto tremendamente informativo, altamente conmovedor, honesto aunque escueza. Es duro, no puedo negarlo. Creo que es la primera vez que lloro leyendo filosofía desde que me peleaba con Hegel (y en aquel caso no era por emoción, precisamente). Me parece una lectura importantísima para cambiar nuestra perspectiva sobre el mal, para protegernos ante esas dinámicas que nos pueden llevar a la atrocidad sin darnos cuenta. Y eso en días como hoy, en el que un grupo de «españoles de bien» han decidido ir a Sol a increpar a quienes quieren que la gente tenga derecho a un techo, o en momentos como este, en los que se busca deshumanizar hasta lo indecible a las víctimas de un sistema anti-personas para que las máximas crueldades sean posibles me parece de una importancia capital.
Te animo a que le des un tiento. De verdad que merece muchísimo la pena.
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