Las gordas nunca dicen la verdad (y nunca están sanas)
Aviso de contenido: gordofobia explícita.
Ayer estaba viendo First dates. No suelo verlo, pero no había nada de interés en la tele a la hora de la cena y le dije a mi pareja que era un poco como ver un accidente ferroviario: ves que va hacia el horror pero no puedes dejar de mirar. Quién me mandará.
Apareció un muchacho y lo emparejaron con una chica (ambos veinteañeros) y lo primero que dijo ella de sí misma es que antes solía estar gorda y que no se dio cuenta de que no le gustaba su cuerpo hasta hacía poco (que me diga dónde vive, para que me mude: desde los 6 años me han dejado claro que mi cuerpo es inadecuado, imposible ignorarlo) y que entonces ayudada por una amiga, había empezado a hacer dieta e ir al gimnasio y que así de bien estaba.
Yo lo veía venir: para el chaval ella seguía siendo una gorda. Sus medidas no se acoplaban a los estándares. Sus brazos no estaban tonificados, ni su espalda (que no es lo mismo que fuertes). Había una disonancia entre cómo ella se percibía (que probablemente estaba contentísima con su cambio físico) y el canon. Y efectivamente, al acabar la cita, él le dijo que ella no era su prototipo físico (en fin) y, cuando ella preguntó qué fallaba (por qué te haces daño, cari) él dijo que le gustan las mujeres más de gimnasio (quería decir más delgadas y con menos grasa corporal, pero je), lo cual a la chavala que hacía gala de ir al gimnasio todos los santos días la tuvo que dejar un poco picuet.
Pero me da que la muchacha no sabe todavía que está jugando a perder. O que vive instalada en cierto sesgo del superviviente (la gorda que sí consiguió adelgazar con dieta y ejercicio) porque cuando el imbécil que tenía enfrente le dijo que bueno, que aún le quedaba camino, pero que qué bien que estuviese siendo disciplinada y blablá ella le contestó que la clave «es querer». El resto de gordos del mundo no queremos, preferimos no encontrar ropa, que se nos juzgue moralmente por nuestra apariencia, que no se nos estudie y diagnostique adecuadamente porque todo es culpa del peso, etc. etc. Por eso triunfa el Ozempic, porque los gordos queremos estar gordos. Aunque claro, esto da la lectura perfecta: los gordos lo que queréis es adelgazar sin esfuerzo (porque el tratamiento con Ozempic y similares es un paseíto por el campo).
Me gustaría decírselo a la muchacha: da igual, vas a seguir siendo una gorda, cariño. ¿Qué usas? ¿Una 40? ¿Una 42? Pf. Pero eso no habla mal de ti ni de tu cuerpo, sino del mundo de mierda en el que estamos. Lo siento mucho.
Yo me sentí, no delgada, sino no-gorda un año y algo. Llevé una talla 42, llegué a bajar a la 40 brevemente. No sé cuánto pesaba porque dejé de pesarme, a mi juicio, bien aconsejada por mi nutricionista de entonces. Pero me veía guapa, sentía mi cuerpo fuerte (efectos de entrenar fuerza en el gimnasio con una entrenadora que es un sol), podía comprarme, por primera vez en mi vida, ropa en tiendas a pie de calle. Menudo subidón. Pero bueno, algo cambió, no sé muy bien qué en concreto: volví a engordar. Ahora mismo estoy ahí en la talla 44 más o menos, intentando mantenerme ahí, y con todo el daño asociado a mi TCA a tope. Fue bonito ese año y pico.
La cosa es que mientras estuve perdiendo peso mi vida era un dislate: la gente que me conocía alucinaba y me felicitaba y la gente que no me decía que estaba gorda (médicos, blablabla), que tenía que adelgazar. Ahora peso bastante menos que cuando empecé ese viaje pero da igual. Hoy he estado en el médico por una lesión de rodilla que arrastro desde que tuve una caída hace años. No es grave, pero es molesta y reflota de vez en cuando. La respuesta, en todas las ocasiones y con todos los pesos ha sido: ejercicio y dieta. Miento: la semana pasada, cuando me atendió mi médica, me mandó una radiografía por si había que mandarme a Aparato Locomotor. Hoy los resultados de la radiografía me los ha dado otra médica y dos residentes, los cuales han coincidido en que el problema es que no hago ejercicio (probablemente podría haber paseado en modo saco de patatas a cualquiera de los tres) y que estoy gorda.
-¿Cuánto pesas? -No me peso porque tengo un TCA. -Pues pésate.
Da igual que le haya explicado el viaje y la movida. Que haya pesado más. Que últimamente me cueste bajar volumen a pesar de estar activa. Da igual. «Pues pésate». Pero bueno, para que viese que no son unos gordófobos de mierda y que no todo es el peso, me han medido la cintura. Estoy por encima de 82 cm, que es el límite. ¿El límite de qué? De contorno abdominal para mujeres, independientemente de CUALQUIER OTRA COSA. Ah, esto mejora mucho lo del IMC, claro.
También ha dado igual que les diga que entreno fuerza regularmente desde hace casi 4 años, que camino diariamente, qué va. De hecho he visto esa mirada que todos los gordos conocemos, la que la gente nos lanza cuando decimos que comemos bien, o que hacemos ejercicio, esa que dice: «Tú no estás así de comer bien y hacer ejercicio», como si eso fuera todo. Siempre recuerdo cómo el personaje de Rae, de My Mad Fat Diary explicaba que no hay manera de comer en público siendo gorda y no sentirte una mierda. Si lo que comes es ««««sano»»»» piensan que a quién quieres engañar; si no lo es, piensan que normal que estés así, como estás.
Así que no importa lo que te esfuerces por estar sana y por cuidarte. El mundo entero, incluida la clase médica, se va a encargar de arruinar tu salud: la mental, con su maltrato, y la física, evitando estudiarte y diagnosticarte porque, evidentemente, la gordura lo explica todo.
Perdona este post tan visceral, pero es lo que se me ha ocurrido hacer para evitar una crisis de ansiedad.
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