Esto no es una reseña: Amiga mía de Raquel Congosto (o los duelos que «no existen»)

Hace algunas semanas, un amigo me transmitió esta recomendación literaria de parte de su esposa. «Dice que la ha removido mucho y que cree que te gustará». Lo cierto es que su mujer tiene muy buen gusto: escogió a mi amigo y, además, tiene también buen ojo para los libros.

Pues bien: lo he acabado hoy y puedo deciros que el libro está bien, no tanto por lo que cuenta, que bien, ni por como lo cuenta, que bien también, sino por lo que saca a la superficie. Amiga mía pone sobre la mesa temas como las jerarquías relacionales, lo caprichoso del azar al trazar relaciones, los límites de la amistad (esto es, cuándo una amistad deja de ser una amistad para convertirse en otra cosa, sea la que sea)... Y también saca a la luz el duelo: los que nos permiten y, por tanto, a veces nos permitimos hacer, y los que no nos permiten hacer y por tanto pasamos, si somos capaces de reconocerlos, a solas.

Así que te animo a que le des un tiento al libro si te interesan lo temas antes listados, pero yo a partir de ahora voy a hablar de esos duelos «prohibidos».

Pongo las comillas porque nadie nos prohíbe explícitamente estar mal por haber roto una amistad o por echar de menos un puesto de trabajo, pero si lo mostramos, si lo decimos, el no es para tanto no va a hacerse esperar, bien explícita, bien implícitamente. El libro habla de una amistad rota y ojito la carga de profundidad. Nadie levanta una ceja si una está hecha polvo por haber roto una relación romántica, pero si es con una amiga... Eso es otra cosa, ¿verdad? Como si cuando construyes una amistad no pusieses ahí amor, esfuerzo, ilusiones, como si no hubiese proyectos y esperanzas que se truncan, como si una no se quedase muchas veces sin saber, sin entender nada, como en medio de un naufragio. Si te esto te está pellizcando el corazón, da palmadas: plas-plas.

Pero es que llevamos tan mal el duelo... Ya sobra hasta el duelo por la muerte de un ser querido (está bien visto sufrir, pero con entereza y no demasiado). Y también hay muertes de primera y de segunda. Hace poco comentaba en Mastodon lo curioso que es que los activistas anti aborto, que dicen que la vida empieza en la concepción, no sean también activistas por la visibilización del duelo perinatal. Porque eso es tocho, ¿eh? No se habla de los abortos espontáneos, de las mujeres que pierden a su criatura durante el embarazo, o cuyo bebé nace ya sin vida. No se habla de ese duelo. Esas criaturas no constan como hijos en ningún lado. Bueno, no en ningún lado: las mujeres recuerdan. Conozco varias que dicen, cada año, en la misma fecha: «Hoy mi [nombre de la niña o del niño] habría cumplido X años». U «hoy hace X años que perdí a mi [nombre de la niña o del niño]». Lo dicen bajito, a personas de confianza. Pero al menos ahora lo dicen. Porque hace no demasiado ni se decía: estas muertes eran cuentas privadas en la cabeza de sus madres.

Hay una cita GENIAL en la serie «Wandavision» que probablemente haga que merezca la pena haber hecho toda la serie: «¿Qué es el duelo, sino el amor perseverando?». No deberíamos necesitar permiso para amar. Tampoco para llorar la pérdida de ese amor.


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