Eso no es un proyecto
Es curioso cómo hay recuerdos a los que volvemos una y otra vez. Momentos que en primera instancia no parecían tener tanto peso específico se convierten en parte de nuestra Banda Pensativa Original. Y, por supuesto, como adecuadamente sospechas, vengo a contarte uno.
Hace ya algún tiempo, varios años, acudí al psicólogo por segunda vez. La primera no había ido bien, así que pedí recomendaciones y allá que fui. El profesional al que acudí se me había recomendado como alternativo, muy punki, directo y honesto... Te haré spoiler: tuve que dejarlo después de que en un par de sesiones me atacase de forma personal y, en la última de ellas, lo viese clarísimamente. Lo reconoció cuando le dije que no iba a volver, pero no me devolvió el dinero. En fin.
Pero ese no es el evento. El evento tuvo lugar en nuestras primera sesión. He de decir que su primer acercamiento me pareció acertado. Yo me quejaba de estar deprimida sin motivo. Él me dijo que bueno, sin motivo no: pasaba mucho tiempo sola (lo cual era cierto y me llevó a una revelación que cambió mi vida, así que gracias por eso, supongo) y, además, no tenía un proyecto.
«¿Cuál es tu proyecto?», me preguntó. Y yo le di la respuesta más verdadera que he dado en mi vida: «Vivir tranquila». «Pero eso no es un proyecto», me dijo con desdén. Y empezó a ponerme ejemplos propios: aprender un idioma o a tocar un instrumento. La cosa no mejoró: «Estoy aprendiendo italiano por mi cuenta» (no contaba porque lo estaba haciendo por mi cuenta, tenía que ser algo más «reglado», que exigiese más compromiso). «Hacer una flexión y una dominada completas (hacía poco que había empezado con el fuertecismo y estaba bastante animada con mis progresos en ese momento» (no contaba tampoco, no consigo recordar por qué, puede que el argumento fuese una mierda). En fin, la sesión no fue muy productiva. Ninguno de mis proyectos servía. «Te dejaré que lo pienses de aquí a la próxima sesión». Nunca más me preguntó, por cierto. Y menos mal. No encontré respuestas que fuesen a gustarle.
Vuelvo mucho a ese momento porque cómo que querer vivir tranquila no es un proyecto. ¿Quién hizo a ese gilipollas miembro de la policía de los proyectos? Es más, ¿no es el proyecto supremo? Vale que puede ser algo general, que podría dividirse en tareas más pequeñas, ¿pero no es esa la puñetera definición de proyecto?
Recordé esto ayer porque vi un subtítulo que le han adjudicado al ensayo JOMO, de Juan Evaristo Valls Boix: «¿Por qué quieres ser feliz cuando puedes estar tranquila?». Me planteo si la felicidad es antagónica a la tranquilidad (y creo que la respuesta es no). Me cuestiono si no estaremos entendiendo la felicidad como una mezcla de alegría y euforia (insostenible en el tiempo, me temo) cuando tal vez la felicidad sea ese estado de serenidad y calma que nos permite dedicarnos a resolver los problemas cotidianos sin agotarnos. Cuando me pase te lo cuento.
En cualquier caso, parece que aquel psicólogo se equivocaba. Parece que el nuevo proyecto es vivir tranquilas. Zas, en toda la boca, tolai.
Me voy a hacer una camiseta o algo: «Yo ya aspiraba a estar tranquila antes de que fuera mainstream». De hecho, me temo que como todos los puretas, voy a abandonar el proyecto ahora que se hace popular :P Pero eso será materia para otro post.
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