Debe de ser mu cansao...

... lo de estarse midiendo la chorra todo el rato, digo.

Me he dado cuenta, porque no me queda más remedio que estar cerca de algún ejemplar de esta especie, que hay personas que viven la vida como una competición perenne en la que lo de que lo que cuenta es participar es una patraña. Hay que ganar, individualmente o en equipo, pero hay que ganar siempre.

Debe de ser agotador percibir en cada situación un enfrentamiento. Empiezo a ser más consciente porque, sin querer yo nada de eso, he acabado en el equipo de una de estas personas. Es pura casualidad, ojo: estudiamos la misma carrera, hicimos la misma oposición, acabamos en el mismo centro. Pero no tenemos gran cosa en común y mis ganas de estar en su equipo, sea el que sea, son nulas, lo mismo que mi interés. Pero él ha decidido que sí, que el resto del departamento tiene que estar en su lucha. Por eso, alguien de departamento tiene que coger tal coordinación para que no la tenga otro departamento, por ejemplo. ¿Qué beneficios tiene esa coordinación? Unos puntillos para concursos de traslados y similares, a costa de mucho trabajo. Yo, que trabajo fatal en equipo, ya me lo han dicho alguna vez (casualmente siempre gente que quiere parasitar mi esfuerzo), me hice un poco la muerta. En parte porque no quiero rollos y en parte porque la razón «si no lo cogemos nosotros lo va a coger este otro departamento» para mí no es una razón válida per se. Ocurre, claro, que esta persona está en liza con ese otro departamento al completo (aunque probablemente ellos no se hayan dado cuenta) y claro: que ellos tuvieran algo que podríamos tener nosotros, aunque sea un marrón, es una derrota.

No te preocupes: si no le ves sentido es porque no lo tiene.

Total, que lo acabó cogendo otra persona que parece que este curso está acaparando cargos como si fueran cromos porque, voy a ser cruda con vosotros, como tampoco es que se esfuerce demasiado en ninguna tarea, un marrón más, uno menos, tanto da.

Y esto me lo tomo un poco a guasa. Intento impostar cierto desdén. Pero lo cierto es que estas cosillas minúsculas que conforman el ambiente en el que paso muchas horas de lunes a viernes me minan la moral con más frecuencia de la que me gustaría admitir. No puedo sustraerme a la situación: es como llevar una piedrecita en el zapato que no te puedes sacar. No es muy grande, no te va a hacer un daño brutal (o sí, dependerá de varios factores), pero cómo jode.

Así que nada, aquí estoy, escribiendo esto, que es el equivalente a sacudir el pie, a ver si la piedrecita cae en una posición donde moleste menos.


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